Principia Marsupia

Mis mujeres, Alfred Hitchcock y los chistes malos.

Se acabó.
Soy un hombre libre.
Nunca más volveré a pedir perdón por mis chistes malos.
Y todo, gracias a Alfred Hitchcock.

Os explico. Me encanta compartir chistes malos y descubrir juegos de palabras. Pero las mujeres, o al menos las mujeres que me rodean, no saben apreciarlos. No los disfrutan mis amigas, ni las novias que he tenido, ni las jamelgas que deseo. Ninguna excepto mi madre y mi hermana, claro está.
He hecho experimentos en altitud y a nivel del mar. Lo he intentado en cuatro continentes y tres idiomas diferentes. He contado mis peores chistes en las circunstancias más íntimas -y en casi todas las posturas-. ¿La recompensa ante semejante empeño? Ni una míserable carcajada.
Acabo pidiendo perdón cada vez que tiro de repertorio.
A vosotras me dirijo. A vosotras que resopláis cada vez que invento un chiste, a vosotras que cerráis los ojos y negáis con la cabeza. A vosotras que gruñís un "Alberto, por favor" como si fuese vuestro sobrino de dos años.
Sabed que un 3 de Enero de 2012 todo cambió.
Esta mañana, mientras terminaba el desayuno, me puse a leer una entrevista de Dick Cavett a Alfred Hitchcock en 1972 (¡algun día tengo que hablaros de las legendarias entrevistas de Dick Cavett!). Hacia el final del diálogo, Cavett pregunta por ciertas aventuras amorosas entre actores que Hitchcock ha dirigido. Éste responde con un chiste tan lamentable que casi me atraganto con la magdalena.
Un juego de palabras tan deplorable, que puede incluso traducirse al castellano:

Hitchcock: No particularizaré sobre este tema, estoy generalizando. Y él, está en el ejercito.
Cavett: ¿Cómo? ¿Quién esta en el ejército?
Hitchcock: El General Izando.

[El calembur en inglés es "generalizing" y "General Ising"]
Aquí tenéis un video de la entrevista. Hitchcock suelta el chiste en 1m 20s. Atención a su semblante tras contarlo. En mi opinión, esa expresión facial es la esencia de lo que significa ser británico.
El maestro no se disculpa tras semejante calamidad. Es más, termina rematando:

"Los chistes malos son la más refinada expresión de literatura".

Me lo voy a tatuar en las nalgas. Para la próxima que venga a protestar.