Principia Marsupia

La consciencia de estar viviendo la Historia

Alberto Sicilia / Sao Paulo

Tras el séptimo gol de Alemania, Joao salió del bar, lanzó una ristra de petardos sobre la calzada desierta, levantó los brazos al cielo y estalló en una carcajada. Sus amigos se habían marchado llorando al descanso. Quienes se quedaron decidieron vestir la tristeza de ironía. "Tengo miedo de irme a casa, ¿sabes por qué? Porque temo que cuando abra el frigorífico me encuentre con un gol de Alemania", "Oye, eso que están poniendo, ¿es la repetición o es otro gol?" Los teléfonos móviles circulaban de mesa en mesa con los montajes que ya corrían por el Whatsapp. La gente que pasaba frente al bar se asomaban a la puerta para cerciorarse de que aquello era real: ¿qué diablos hacía esa panda de idiotas riendo a carcajadas? A las afueras de la ciudad ardían tres autobuses. Ninguna emoción provoca reacciones tan dispares como el dolor. Las calles de Sao Paulo se ofrecieron como laboratorio para explorar el espectro completo. Y sin embargo, a la divergencia de reacciones le precedió un intenso momento de complicidad colectiva. Fue a la mitad de la primera parte, en ese intervalo en el que Brasil encajó cuatro goles. De las gargantas brotaban lamentos y también incredulidad, pero las miradas que se cruzaban transmitían un mensaje diferente: "estamos viviendo La Historia". Brasil tiene cinco campeonatos mundiales pero en país del fútbol nada alcanza en talla legendaria al Maracanazo. Ayer Brasil volvió a vivir unos minutos en la dimensión mítica del tiempo. Minutos de los que se contarán historias durante los próximos 64 años.