Principia Marsupia

La tecnología de las vacunas de la covid podría utilizarse frente a otras enfermedades

Personal médico toma una dosis de la vacuna Astrazeneca. Nathalia Aguilar | EFE

La lucha frente a la covid ha provocado una enorme aceleración en el desarrollo de una tecnología médica que podría tener grandes consecuencias en el futuro: el uso del ARN mensajero.

La idea de usar el ARN para desarrollar vacunas no es nueva: Katalin Karikó y Drew Weissman fueron los pioneros hace dos décadas. Pero no ha sido hasta la pandemia cuando se han aprobado las vacunas basadas en este procedimiento.

Y los resultados no podían ser mejores: tanto la vacuna de Moderna como la de Pfizer-BioNtech han demostrado ser seguras y extraordinariamente eficaces.

¿Cuál es la idea fundamental?

La idea fundamental es fascinante: que sea el propio cuerpo humano el que fabrique su propia vacuna.

En la vacunación tradicional se inyecta un virus ‘muerto’ o ‘debilitado’ con el que nuestro sistema inmunitario se entrena.

Con las vacunas de ARN se inyecta las instrucciones para que sea nuestro propio cuerpo el que fabrique trozos de virus que servirán para entrenar a nuestro sistema inmunitario.

¿Es como instalar un software?

Exacto. Se inyecta información (el ARN que queramos) y con esa información nuestras células producen las proteínas necesarias.

El ARN no es más que una secuencia de ‘letras’ (a esas letras se las conoce como ‘nucleótidos’).

La tarea de los científicos es elegir la combinación de letras necesaria en cada caso.

¿Y qué ventajas tiene sobre las vacunas tradicionales?

Que desarrollar vacunas de ARN es mucho más rápido.

Para que os hagáis una idea: desde que se conoció la secuencia genética del coronavirus hasta que Moderna tuvo la primera versión de la vacuna para empezar a experimentar con animales apenas pasaron 8 días.

No sólo el diseño es mucho más rápido, también lo es la producción: para estas vacunas no se necesitan bioreactores de fermentación o cultivos celulares.

Si es tan sencillo, ¿por qué se ha tardado tanto en inventar?

Bueno, la idea parece sencilla, pero había que resolver muchos obstáculos técnicos para comprobar si era factible:

1) La molécula de ARN es muy frágil y se puede romper muy fácilmente (por eso estas vacunas necesitan cadenas de frío tan intensas).

2) Si se inyecta ARN ‘a las bravas’, nuestro cuerpo tiene mecanismos para detectarlo y eliminarlo. Hubo que inventar un tratamiento químico para que ese ARN llegue a nuestras células sin ser eliminado por el camino.

3) Para proteger el ARN, se le envuelve en una micro-esfera de grasa. Desarrollar estas micro-esferas y comprobar que cumplían su tarea y eran seguras fue otro paso.

4) Comprobar qué cantidad de ARN se necesita para que la vacuna sea efectiva y cómo y dónde introducirlo en el cuerpo para que llegue a las células que nos interesa.

¿Se podrán desarrollar vacunas frente a otras enfermedades infecciosas con esta tecnología?

Pues vistos los extraordinarios resultados con el coronavirus, parece evidente que el siguiente paso será desarrollar vacunas frente a otros patógenos.

Un ejemplo: hasta ahora, las vacunas de la gripe no son demasiado efectivas porque el virus de la gripe es un virus que se recombina y muta muy rápidamente. Es muy difícil predecir ‘qué variedad’ de la gripe vamos a tener cada año. Con vacunas que se diseñan tan rápido podría llegar a ser posible producirlas ‘a medida’.

Otro ejemplo: imaginemos que se produce una mutación en el coronavirus que deja obsoletas a las vacunas actuales. Lo único que habría que hacer es secuenciar el nuevo virus, y modificar la vacuna con la nueva secuencia.

Un tercer ejemplo: Moderna ya ha terminado la fase I de ensayos de una vacuna frente al cytomegalovirus, una de las causas de malformaciones en los recién nacidos.

En los próximos meses y años veremos muy probablemente vacunas frente a muchas enfermedades contagiosas basadas en la arquitectura del ARN. La pandemia ha sido su rampa de despegue.

¿Y en otras enfermedades cómo el cáncer?

Esto es probablemente mucho más lejano, pero ya existen ideas al respecto.

El cáncer comparte un rasgo fundamental con las enfermedades infecciosas: que las células malignas evaden a nuestro sistema inmunitario. Y si nuestro sistema inmunitario no las elimina a tiempo, siguen multiplicándose e invadiendo los tejidos sanos.

El problema con el cáncer es que hay casi tantos cánceres diferentes como personas diferentes: las mutaciones particulares que provocan la disfunción celular dependen de cada paciente.

Aquí la idea se basa en un tratamiento personalizado: caracterizar las proteínas que se expresan en las células de cada tumor y a partir de esa información, diseñar una molécula de ARN que produzca el antígeno necesario para que nuestro sistema inmunitario reconozca las células cancerígenas y las elimine.