Principia Marsupia

La búsqueda de una vacuna frente al sida nos trajo las vacunas para la covid

Antes de que se cumpliese el primer año pandemia, la Humanidad ya disponía de vacunas frente al nuevo virus. Este auténtico milagro científico fue posible gracias al conocimiento acumulado durante décadas frente a otros patógenos. Muy en particular, los esfuerzos para lograr una vacuna frente al VIH (el virus que provoca el SIDA) hicieron que las ideas y la tecnología estuviera 'lista' para cuando apareció el coronavirus.

Jeffrey Harris, un economista del MIT, ha explorado en un estudio esta historia fascinante: cómo la infructuosa búsqueda de una vacuna frente al VIH nos ha traído las vacunas de la covid.

¿Cómo puede ser que tengamos vacunas frente al coronavirus antes que una vacuna frente al VIH?

Esta pregunta encierra la una paradoja: los científicos han intentado durante tres décadas desarrollar una vacuna frente al VIH. Hasta ahora no se ha conseguido. Pero muchas de las ideas que surgieron en esa búsqueda han sido claves para desarrollar las vacunas frente a la covid.

El virus VIH es mucho más complicado que el coronavirus:

1) Al multiplicarse dentro de las células humanas, el VIH sufre mutaciones de manera muy frecuente y eso crea muchas 'variantes' del virus dentro de un mismo paciente.

2) El coronavirus ataca a las células del tejido respiratorio. El VIH ataca a células del sistema inmunitario, que son precisamente aquellas encargadas de luchar contra las infecciones.

3) El VIH puede 'esconderse' durante años dentro del organismo antes de volver a iniciar infecciones.

¿Cómo se hacían antes las vacunas?

La manera 'clásica' de desarrollar vacunas seguía una de estas dos rutas:

1) Virus inactivado. Primero 'matas' al virus usando calor, radiación o algún tratamiento químico. La vacuna consiste en inyectar este virus 'muerto'. El sistema inmunitario lo reconocerá y aprenderá a luchar contra él si alguna vez se lo encuentra 'vivo'.

2) Virus atenuando. Coges el virus original y dejas que se multiplique en condiciones desfavorables en células en un laboratorio. El virus irá mutando hasta convertirse en un virus menos peligroso para los seres humanos. Podríamos decir que es un virus 'debilitado'. La vacuna consiste en inyectar ese virus debilitado para que nuestro sistema inmunitario se entrene con él.

¿Por qué estas dos rutas no resultaban adecuadas para el VIH?

Como decíamos antes, el virus VIH muta muy rápido. Con una vacuna de tipo inactivada, el organismo producirá anticuerpos frente al virus que haya en la vacuna, pero como el virus inactivo no puede multiplicarse, el sistema inmunitario no aprenderá a luchar contra todas las variantes que se producen en una infección real.

Con una vacuna de tipo atenuada existe otro problema: aquí el virus sí puede multiplicarse. Pero con un virus que produce mutaciones tan rápidas y tan difíciles de controlar, existe el peligro de que la vacuna acabe siendo un peligro y provoque una infección real.

Una nueva ruta para las vacunas: la misma que seguirán las vacunas frente al coronavirus

Las vacunas de virus 'inactivado' o 'atenuado' tienen algo en común: usan el virus 'entero'.

Los científicos que estudiaban el VIH descubrieron que el virus tenía molécula en su superficie (llamada gp120) con la que se 'enganchaba' a las células.

Y aquí surgió un cambio de paradigma para pensar las vacunas: ¿y si en vez de un virus 'entero' hacemos una vacuna con una sola proteína del virus?

La idea sería introducir en el cuerpo la proteína gp120 para que el sistema inmunitario aprendiese a reconocerla y luchar contra ella.

Fabricar esa proteína e inyectarla en el cuerpo es una tarea complicada: la solución es que sea el propio organismo quien la produzca.

La vacuna consistirá en inyectar las 'instrucciones' (el material genético) de la proteína. Nuestras células leerán las instrucciones y fabricarán esa proteína con la que se entrenará el sistema inmunitario.

Dos de las rutas que se pensaron para llevar el material genético a las células:

1) Encapsulando ese material genético en otro virus que sea inocuo.

2) Encapsulando el material genético en una 'bolita' de grasa que se fusionará con la membrana celular.

Estas son, precisamente, las tecnologías que utilizan las vacunas frente al covid que estamos utilizando.