Diario de un altermundista

Fernández vs Rato

El revuelo que ha generado la intervención de David Fernández en el Parlament, en la comisión de investigación de las cajas, merece especial atención y, -aunque no sea lo que busca-, también un aplauso. Porque la forma, tan criticada, quizá tanto como para no hablar del contenido (siempre hay periodistas que caen o se dejan caer en la anécdota) no fue lo más importante. Lo que cuenta aquí es que alguien, un diputado, un político -ahora que se dice que todos son iguales-,  se atreva a transmitir la rabia y la indignación de la inmensa mayoría de la población con los banqueros a uno de los principales responsables y mayores aprovechados de la crisis financiera.

Porque a Rato y los de su calaña les da absolutamente igual -como demostró ayer- lo que le pase a la gente normal y corriente. Ellos viven en otra dimensión, en una realidad paralela de hoteles de lujo, viajes en aviones privados, vacaciones en yates, fiestas con gente guapa, rica y pija, cuya máxima preocupación es elegir el champagne o el caviar de su próxima fiesta. No saben o no quieren saber qué le pasa a la gente cuando ellos deciden despedir a miles de trabajadoras, cuando deciden crear la estafa de las preferentes, cuando mienten sobre los balances económicos de sus entidades para engañar también a los inversores, cuando se autoasignan millonarias (o milmillonarias) indemnizaciones por despido o pensiones vitalicias. Pues a la gente lo que le pasa es que se enfada, siente rabia e indignación. Es por eso que al dirigirse a Rodrigo Rato, el diputado de la CUP no pudo más que mostrar lo que sentía. Que es lo que sentimos la mayoría.

El miedo es una de las principales armas del sistema para paralizarnos, para que no protestemos, para que no vayamos a la huelga porque perderemos el trabajo, para que no vayamos a manifestaciones porque la policia cargará violentamente contra nosotros, para que no hagamos ni siquiera protestas noviolentas de desobediencia porque nos meterán en la carcel. Pero el miedo puede cambiar de bando, puede llegar el día en que empiecen a sentir miedo muchos Rodrigos Ratos, no porque vaya a verse amenaza su integridad física (no es ni necesario ni deseable) sino porque algún día quizá pierdan la situación de privilegio de que gozan ahora. En todo caso, lo que es seguro es que pasarán a la historia como unos mafiosos.