Diario de un altermundista

Armas químicas, un riesgo presente

Desde su aparición, los agentes tóxicos utilizados para producir armamento, han sido objeto de rechazo generalizado por sus efectos perniciosos sobre la población civil y sus secuelas a largo plazo.

Después de la Segunda Guerra Mundial se comenzó un largo proceso que culminó en la Convención para la Prohibición de las Armas Químicas el 13 de enero de 1993, que dio pie a la creación de la Organización para la prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) galardonada en 2013 con el Premio Nobel de la Paz. Hoy en día, los Estados miembros de la OPAQ representan cerca del 98% de la población mundial, así como el 98% de la indústria química de todo el mundo. Desde la recién adhesión de Síria, -que comportará la destrucción de al menos 1.300 toneladas de armas químicas entre las que se incluyen el gas mostaza y el gas Sarín-, solo hay seis estados que no forman parte: Myanmar y Israel que lo firmaron (1993) pero donde no está ratificado; y Sudan del Sur, Angola, Egipto y Corea del Norte que ni siquiera lo han firmado. La OPAQ ha destruido más del 80% del arsenal declarado en todo el mundo (71.196 toneladas), además de 4,97 millones de municiones y contenedores químicos, de los 8,67 millones declarados.

La industria química fabrica algunas sustancias que pueden servir, directamente o mediante síntesis con otras sustancias, como un arma química. Las armas químicas incluyen las sustancias químicas tóxicas y los reactivos químicos que intervienen en cualquier fase de la producción de una sustancia química tóxica. Una sustancia química tóxica es aquella que por su acción química sobre los procesos vitales, puede causar la muerte, la incapacidad temporal o lesiones permanentes a seres humanos o animales. El agente tóxico de un arma química se denomina "agente químico". Destacan los agentes de asfixia como el cloro, que afectan las vías respiratorias, irritan la nariz, la garganta y los pulmones. Estos fueron ampliamente utilizados durante la Primera Guerra Mundial. Otro de los agentes tristemente más conocidos es el agente mostaza, que actúa a través de la inhalación o el contacto con la piel y afecta a los ojos, las vías respiratorias, la piel y órganos internos, produciendo ampollas similares a quemaduras. Una de sus variantes fue utilizada en combate por primera vez por Alemania en 1917 y se ha usado en varios conflictos, especialmente en la Guerra Irán-Irak de los años 80. Además de producir la muerte a un porcentaje de los infectados, produce ceguera o daños permanentes al sistema respiratorio. Otro agente químico es el sanguíneo, que al ser inhalado se distribuye a través de la sangre a todo el cuerpo inhabilitando a las células sanguíneas la capacidad de transferir oxígeno, provocando el ahogo. Se ha reportado que también fue utilizado por Irak durante la guerra contra Irán y contra los kurdos, además de por los Nazis en las cámaras de gas. Otro de los agentes químicos tóxicos es el agente nervioso, que afecta a la transmisión de impulsos nerviosos, se propagan como un gas, aerosol o líquido, y es absorbido por vía tópica y respiratoria. Su producción es muy sencilla y barata. El gas Sarín es un buen ejemplo, utilizado en el metro de Tokio en 1995 por una secta en un ataque terrorista y recientemente en el conflicto sirio.

Hay, sin embargo, otras sustancias que pueden ser utilizadas como un arma química, y que según la OPAQ suponen un verdadero riesgo de ser desarrolladas con fines bélicos. Nos referimos a las armas químicas que afectan al sistema nervioso central provocando desórdenes psicóticos con pérdidas de sensibilidad, parálisis, rigidez e imposibilitando la capacidad de tomar decisiones a la persona afectada. Otras sustancias que pueden convertirse en potenciales armas químicas son las provenientes de los organismos vivos, como es el caso de las bacteriológicas, que a pesar de estar prohibidas por una convención internacional de 1972 el desarrollo de la tecnología genética hace que sea muy fácil producir grandes cantidades de toxinas y que sean utilizadas militarmente. Si bien no se considera que las toxinas puedan ser dispersadas a gran escala podrían ser útiles para sabotajes o contra individuos. Por otro lado, otras sustancias químicas como el fósforo blanco, no consideradas oficialmente como armas químicas susceptibles de ser prohibidas, han sido utilizadas por Israel contra la población palestina de la Franja de Gaza. Es por ello que hay que cumplir con la convención e incluir aquellas nuevas posibles armas químicas o de efectos similares, porque hay Estados que todavía mantienen una amenaza de utilización de armas químicas y porque grupos armados pueden tener acceso a ellas.

Artículo publicado en el Anuario 2013 (enero de 2014, Enciclopèdia Catalana SAU).