Diario de un altermundista

Protervia (banca armada)

Puede que haya sido el 15-M, poniendo en el punto de mira de sus críticas a los bancos, o puede que sea consecuencia de la crisis, que ha obligado a retratarse a las entidades financieras de medio mundo, pero algo ha cambiado en el comportamiento financiero de las personas normales y corrientes. La calle sabe, más que nunca, que los bancos tienen poder, tanto como para ser los principales beneficiaros del sistema de protección del estado, superando con creces a las personas. Los bancos han sido salvados, dejando tras de sí una pésima gestión, abusos, corruptelas y engaños. Las personas han visto como éstos, los bancos, les dejaban en la calle ante el impago de créditos hipotecarios, les robaban parte de sus ahorros con las participaciones preferentes y además reducían sus plantillas salvajemente, en aplicación de la enésima reforma laboral, que abrió la veda al despido casi libre. Todas estas son razones para, más que cambiar de banco, dejarlos para siempre.

Por otra parte, los bancos tienen una parte oscura que no siempre es conocida y que podría ser razón tan o más importante que las anteriormente esgrimidas para cambiar de banco o para directamente mandarlos a paseo. Se trata de las inversiones que los bancos hacen con el dinero de sus clientes, con ese más del 90% que nunca tocamos y que las entidades financieras invierten aquí y allá para conseguir la máxima rentabilidad en el menor tiempo posible. Estas operaciones para conseguir rentabilidad pueden consistir en la concesión de créditos, la compraventa de acciones, bonos, pagarés, la financiación de exportaciones o la inversión directa en alguno de los principales fondos de inversión del mundo. Esto aparentemente, no sería un problema, si entre las empresas concernidas no se encontraran, por ejemplo, los principales fabricantes de armas del mundo. En el Centro Delàs de Estudios por la Paz empezamos a analizar las relaciones de los bancos y la industria militar cuando identificamos que las empresas de armamento españolas tenían una ratio de endeudamiento del 73%. Es decir que tres cuartas partes de su actividad depende de la financiación exterior. O lo que es lo mismo, que sin la ayuda de los bancos su actividad se vería reducida hasta un 27%. Es por ello que nos preguntamos: ¿cuántas armas dejaría de haber en el mundo de no existir el apoyo de los bancos a la actividad industrial armamentística, cuántas armas y cuanta violencia existen gracias a los bancos?

De este modo, nos dedicamos a investigar qué bancos y cómo financian a las empresas de armas, a través de la campaña Banca Armada, junto con Setem y el ODG. No fue una sorpresa haber encontrado enormes inversiones en armas por parte de bancos como el BBVA o el Santander. Era de suponer que los bancos más grandes, más poderosos y más ricos, sacaran beneficios de actividades no éticas. El BBVA ha dedicado al menos 3600 millones de euros al negocio armamentístico en los últimos años, mientras el Santander ha hecho lo propio con 1700 millones de euros. El total de la banca armada española supera los 7000 millones de euros destinados a financiar empresas de armamento en poco más de una década. Pero para nuestra sorpresa, encontramos que más de 60 entidades financieras que operan en el Estado español, algunas locales, otras extranjeras, unas grandes, otras pequeñas, también tenían negocios con la industria militar. Ante tal situación organizamos en un ranking de mayor a menor cantidad invertida en armas, los principales o más populares bancos que hay en el estado. Con ello identificamos a los verdaderos bancos malos. Porque aunque la SAREB ha sido bautizada como el "banco malo", por aquello de gestionar activos poco rentables, pero la maldad en un banco va relacionada con su razón de ser tendente a la usura, cercana al engaño, propicia a la generación de daño en quienes sufren las consecuencias de los proyectos que financian y que enriquecen a sus propietarios. Los bancos malos son los que invierten en armas. Todos ellos aparecen en la web bancaarmada.org y en muchas otras que denuncian inversiones contaminantes y que vulneran los derechos más elementales de las personas (entre ellas destaca Bancktrack).

Lo de los bancos es protervia. Perversidad y obstinación en la maldad. Porque saben que sus decisiones de inversión pueden servir o para hacer bien a los demás o para todo lo contrario. La reiteración en la inversión en armas y tantos otros negocios inaceptables desde un punto de visa ético les hace merecedores de ser calificadas de este modo. Solo hay una alternativa a los más que malos, protervos bancos: la banca ética, que asegura que no invertirá en armas ni en nada de lo que nuestra moral se pueda arrepentir. De niños nos enseñaron a distinguir entre lo que está bien y está mal. Ahora, de adultos, tenemos la oportunidad de aplicarlo a nuestro comportamiento financiero.

Artículo publicado en Revista Quetzal