Diario de un altermundista

El miedo está cambiando de bando

Cayó el Muro de Berlín, el comunismo cayó en el olvido, el neoliberalismo ganó la partida. El fin de la historia, nos dijeron. Había que aceptar el capitalismo, profundizar en él, reducir sus daños colaterales y huir hacia delante. El capitalismo puso la directa, se olvidó del maquillaje y en poco más de 20 años casi ha acabado con todo. Derechos antes incuestionables son ahora eliminados de un plumazo, bienes públicos irrenunciables se han convertido en negocios para unos pocos. La lucha social empezó en cuanto se pudo, y poco a poco se ha construído la alternativa necesaria. La primera fue contra esta ideología de punto y final. El Pensamiento Único capitalista neoliberal necesitaba ser cuestionado. Primero fueron identificados los principales actores globales que impulsaban el crecimiento del nuevo modelo capitalista a escala planetaria, una especie de paraíso para acaudalados empresarios y transnacionales deshumanizadoras. Las Instituciones Financieras Internacionales, las entidades supranacionales -que convertían el libre mercado en religión- y sus súbditos fueron colocados en el punto de mira de los movimientos sociales, llamados en aquel momento antiglobalización.

El proceso de protesta fraguó en encuentros mundiales de respuesta en el que millones de activistas trataban de conocerse y de  acercar posturas para proponer que otro mundo era posible. El proceso mundial había decaído, pero el objetivo se consiguió. Creímos que había que cambiar el modelo hegemónico y que era posible cambiarlo. Teníamos las fórmulas, las propuestas y las alternativas, pero no eran bien conocidas, a pesar de estar llevándose a la práctica en infinidad de localidades, comunidades y grupos al margen del sistema. Esta fue una primera escuela de nuevas formas de hacer política. Construir un mundo diferente sin  contar con los políticos de siempre, cuestionando las falsas democracias al servicio también de la expansión de ese pensamiento único devorador de derechos fundamentales. Desde abajo, incorporando a las personas excluídas, la política era otra cosa, las propuestas no estaban en manos de autoproclamados líderes, el cambio no se veía cerca, pero se estaba produciendo. El capitalismo mostró otras de sus crisis y respondió de la mejor manera que sabe hacerlo, con más desigualdad, con más privatizaciones, con menos estado y más mercado, con menos pueblo y más individualismo, con más represión, con más miedo.

Los movimientos sociales siguieron su proceso, ahora juntando a antiguos antiglobalización, altermundistas y nuevos indignados. El movimiento se tornó de nuevo global. Los banqueros y los políticos más cercanos pasaron a la lista de sospechosos para una clara mayoría de la población. En el caso español aparecen propuestas políticas desde los movimientos sociales antes impensables. Quizás daba miedo ser identificados como aquellos responsables de haber llegado a la situación actual. Pero el proceso va a más. Plataformas, mareas, foros, movilizaciones han creado a su vez Procesos Constituyentes, Podemos, Ganemos Barcelona,... con quienes las izquierdas de siempre deberán entenderse.

Los partidos tradicionales, también los más situados a la izquierda son interpelados, son arrastrados hacia posiciones más valientes de confrontación con el sistema. El muro del capital muestra algunas grietas,  ya se ve al otro lado a la inmensa mayoría de la ciudadanía, callada, ocultada, ninguneada, que ahora da un paso al frente. Hará falta mucha generosidad, escucha, empatía, simpatía y también superar antipatías del pasado. Habrá que ser coherentes, íntegras y no olvidar de donde se viene, el sistema intentará engullir a quienes ahora lo quieren cambiar. Se habla de nuevas formas de hacer política, no es fácil, pero es urgente y necesario hacerlo y además se puede, claro que se puede. Cuidado, eso sí, con que los procesos de entrada en el campo político institucional vacíe de activistas a los movimientos sociales. Quienes ahora lleguen a tener mucho o poco poder deberán ser vigilados también por los movimientos sociales. En todo caso, es ilusionante ver como el miedo está cambiando de bando.