Opinion · Diario de un altermundista

Campamento de la juventud: laboratorio del Foro

Un paseo por el campamento de la juventud del FSM te llena de energía, esperanza y, sobre todo, convicción de que otro mundo es posible, el lema más repetido también este año, aunque ya hayan pasado nueve años desde que empezamos a creer que el mundo podía cambiar, podía ser mejor.

Aunque es difícil saber cuantos acampados hay en el Foro, se estima que rondan los 15.000. Vienen de toda Latinoamérica, de Europa, de Norteamérica, e incluso del lejano Oriente y África, estos últimos los menos, por razones obvias. Hay quien, como cientos de indígenas, peruanos, ecuatorianos y bolivianos, ha empleado 12 días para cruzar la Amazonía. Hay infinidad de grupos de adolescentes brasileños, paraguayos o argentinos que han viajado durante dos semanas en autobús para participar en este Foro. Como afirman entre risas y canciones, bajo una sombra que les protege del abrasador sol de Belém, «ha valido la pena, porque necesitamos ser muchos para que nos escuchen». Éstos no necesitan repetirse que otro mundo es posible, es lo que quieren y se percibe que van a luchar por ello.

Pero lo más interesante del campamento es que se convierte en un verdadero laboratorio del teórico otro mundo posible que el FSM propone.  Como principio básico tiene la autogestión, «la libertad para hacer lo que queramos, pero sin molestar a los demás» puntualiza Thiago, de tan solo 19 años. Hay quien también propone sus propias actividades, creando su propio espacio alternativo, su propio Foro. Es el caso de un foro abierto, situado en el corazón del campamento, ideado por un hippie llamado Maciá, con exposiciones, teatro, danza, talleres e incluso una feria del «arte-cambio».

La incomodidad, el calor y la distancia no ha impedido que miles de jóvenes muestren a los fatigados activistas antiglobalización, que otro mundo es realmente posible, sólo hay que pasearse por su campamento.

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