Diario de un altermundista

La solidaridad de los pobres, el cinismo de los ricos

Haciendo un repaso de los acontecimientos relacionados con la crisis del ébola se reafirman algunas de las máximas de la condición humana e incluso de la política internacional y local: quien más da es quien menos tiene y un gobierno solo mira por sus propios intereses inmediatos.

El desesperado mensaje de la reciente rueda de prensa de Médicos Sin Fronteras sobre la crisis del ébola ha puesto sobre la mesa una evidencia del razonamiento expuesto. La alarma mundial generada por la expansión del ébola ha generado una encomiable reacción de la ciudadanía, al tiempo que ha constatado la hipocresía de los gobiernos de los países ricos. En una crisis que empezó en marzo y que en agosto fue declarada por la Organización Mundial de la Salud como una emergencia de salud pública internacional, sobre el terreno una sola ONG (MSF) se tiene que hacer cargo del 60% de las camas existentes para atender a los pacientes de ébola. Para cubrir las necesidades actuales harían falta cuatro veces más de recursos sanitarios. En España solo los socios de esta ONG han dedicado más dinero que el Gobierno Español, quien ha dedicado tan solo 500.000 euros hasta la fecha.

La Comunidad Internacional, como en tantos otros casos, ha prometido el oro y el moro (780 millones de euros) para controlar la epidemia, pero los donantes internacionales tan solo han aportado la mitad de lo prometido. Hay que decir que hay ricos que también han hecho donaciones. Quizá el caso más destacado sea el de Bill Gates, quien ha dedicado 35 millones de euros. Parece mucho, pero no es tanto si tenemos en cuenta que es el 0,04% de su riqueza. Estoy seguro de que muchos donantes anónimos de MSF han dedicado más dinero a la lucha contra el ébola en términos porcentuales a su riqueza que Gates. Eso sí, el magnate norteamericano ha dedicado mucho más que el Gobierno español, cuyo medio millón de euros supone el 0,0001% de sus recursos. Mientras Estados Unidos ha prometido que enviará soldados a la zona, habrá que ver si además de soldados son profesionales sanitarios, Cuba no ha enviado soldados, sino que ya tiene sobre el terreno 265 médicos y enfermeros, a los que se sumarán 200 más en las próximas fechas. El PIB de Cuba es considerablemente menor que la fortuna de Bill Gates.

Son muchos los países que han asegurado su implicación para ayudar a controlar esta situación extraordinaria, pero sobre el terreno no se les ve trabajar y centran sus esfuerzos en que el virus no llegue a sus fronteras. La solidaridad no entra en los parámetros de la política, solo se reacciona cuando puede afectar tus propios intereses. Y sí, ya sabíamos que esto era así pero los acontecimientos de los últimos meses vuelven a constatar la enorme diferencia entre las calculadamente cínicas e hipócritas decisiones políticas y los sentimientos y prioridades de las personas normales y corrientes.

Entra en el campo del sentido común que exista cierta correlación entre la proximidad de la amenaza y la reacción para tratar de solucionar el problema, pero lo que es inconcebible es que no se reaccione con contundencia y determinación frente a una de las amenazas a la seguridad más relevantes de los últimos años y que no requiere más que recursos sobre el terreno. En último lugar, hay que denunciar que tampoco se dice que en los países con mayor presencia de casos de ébola, la emergencia sanitaria es de magnitudes difíciles de imaginar desde el momento en que no hay hospitales para atender a las personas enfermas de tantas otras enfermedades de pobres que matan más que el mediático ébola. La respuesta a esta crisis humanitaria no se debe centrar únicamente en los enfermos de este terrible virus, sino en los casos que cada día se llevan la vida de miles niños por malnutrición, diarreas, malaria y tantas otras enfermedades de fácil cura, que como no pueden atravesar nuestras fronteras, no son prioritarias.