Diario de un altermundista

Tres conflictos para no olvidar

Un conflicto olvidado es aquel que por sus características de enquistamiento, lejanía y previsibilidad, a pesar de seguir activo y generar víctimas continuamente, no es atractivo ni para los medios de comunicación ni para la Comunidad Internacional. África es el continente escenario de los principales conflictos olvidados. Probablemente no seriamos capaces de enumerar más que dos o tres de los menos trece conflictos armados activos. De estos destacan tres: el eterno conflicto en el Este de la República Democrática del Congo (RDC), el enésimo cambio de gobierno por la fuerza en la República Centroafricana (RCA) y la permanente inestabilidad del más joven miembro de Naciones Unidas, Sudán del Sur.

Al Este de la RDC las armas y las exacciones de numerosos grupos armados forman parte del paisaje desde que en 1996 Laurent Desirée Kabila dio un golpe de Estado al sátrapa Mobutu Sese Seko. Hoy en día continúan los enfrentamientos en la zona de los Kivus, esta vez con un especial protagonismo ahora también de un grupo armado de carácter islamista. La eternización del conflicto se debe en gran medida a que se trata de una zona especialmente rica en recursos naturales y poseedora de inmensas reservas del codiciado coltán. La misión de Naciones Unidas en RDC (MONUSCO) tiene el mandato de utilizar toda la fuerza necesaria para conseguir sus objetivos, por lo que se produce una estrecha colaboración entre el ejército regular congoleño (FARDC) y los cascos azules de Naciones Unidas, lo que, entre otros efectos, dificulta la acción humanitaria en algunos lugares. La situación de violencia ha sido corroborada por un informe de la ONU que demuestra que hubo violaciones de derechos humanos, masivas violaciones, asesinatos, ejecuciones, reclutamiento de menores y trabajos forzados, tanto por parte de las FARDC como por los grupos rebeldes . Incluso, han sido sujeto de investigación por violencia contra las mujeres las propias fuerzas de paz de Naciones Unidas.

Sudán del Sur es uno de los otros focos de inestabilidad en el continente africano casi olvidado, inestabilidad que proviene tanto de factores internos como de los enfrentamientos -en frío, por delegación, con su vecino del norte, del que se emancipó en 2011-, por controlar las zonas de Kordofán del Sur y del Nilo Azul donde el acceso humanitario está bloqueado, después de décadas de enfrentamientos armados y de sufrir el más agresivo ostracismo por parte de Jartum, quien juega un papel fundamental para el control de los recursos sursudaneses. Cuatro intentos de alto el fuego no han detenido los combates entre las fuerzas gubernamentales y las opositoras, que han sumado cientos de víctimas mortales a un conflicto que ya suma 10.000 muertos y que se enfrenta a la que se vaticina como una de las crisis humanitarias más graves de la historia debido a la falta de reservas alimentarias.

Durante este año, la República Centroafricana ha vivido uno de los episodios más violentos de su historia, por lo que ha merecido una fugaz atención mediática en los últimos meses. La irrupción de Seleka, un grupo armado que ha contado con entre 5.000 y 7.000 efectivos principalmente con origen en el noreste del país, su llegada al poder, y la consecuente revuelta de los grupos anti-Balaka (anti-machete), compuestos por milicias rebeldes y otros grupos anti-Seleka, que incluye entre sus miembros ex-militares de las fuerzas armadas centroafricanas, ha sumido al país en una situación de violencia generalizada y venganzas, en el que la utilización de las diferencias identitarias ha llevado a una elevada polarización entre cristianos y musulmanes y el distanciamiento entre grupos étnicos. Como resultado, en tan sólo un año el gobierno ha cambiado tres veces de manos y la violencia armada se ha cobrado al menos 2.424 víctimas civiles. Un informe del Comité de Sanciones de la ONU ha revelado vínculos entre la financiación y el suministro de armamento por parte de todos los grupos armados con la explotación de los recursos naturales del país, y que la munición utilizada por los combatientes fue producida por 42 empresas de 16 países, entre los que se encuentran algunas de las potencias más implicadas en la pacificación de la zona, como es el caso de Francia. La Oficina de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas en RCA estima en 2,5 millones la población con necesidades, más de la mitad del total en el país.

No son pocas las empresas occidentales que han aparecido relacionadas con la extracción de recursos en los tres conflictos. Transnacionales del petróleo y de la explotación minera e incluso empresas de armas se han beneficiado --y siguen haciéndolo-- de la perpetuación de estos conflictos y de la impunidad que demasiadas veces conlleva el olvido de estos conflictos. Rescatar estos conflictos del olvido y implicarse en la ayuda humanitaria y en la búsqueda de soluciones a los conflictos existentes debe ser una prioridad para la Comunidad Internacional.

Artículo publicado en Revista ONGC