Opinion · Diario de un altermundista

Un militar, un indio, un obispo y un Chicago boy

Los activistas del FSM tenían hoy la oreja también en otro lugar. Estaban pendientes, algunos con alegría, otros con un tremendo enfado por su posible interferencia en la buena marcha del Foro, de la llegada de Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Fernando Lugo, los presidentes de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Paraguay, respectivamente; o tal y como los ha bautizado el propio Chávez, «un militar (el propio Chávez), un indio (Morales), un Chicago boy -haciendo referencia a la formación de economista adquirida por Correa en Chicago, la cuna de las ideas neoliberales contra las que ahora luchan los allí presentes- y un obispo (Lugo, obispo antes de presentarse a candidato a la presidencia). Lula, parece que se le da mal jugar en casa. Los altermundistas brasileños son muy críticos con sus políticas, que califican abiertamente de neoliberales, y esperaban con mucho recelo su participación durante el Foro.

Los presidentes más revolucionarios del planeta han sido recibidos entre aplausos y vítores, por una entregada audiencia que rondaba las tres mil personas. Lo que ha sido nada más que un aperitivo del multitudinario mítin previsto a continuación en el Palacio de Congresos de la ciudad. En el que también se espera a Lula, que en esta actividad, organizada por el MST (Movimiento de los Sin Tierra) -enfrentado políticamente a Lula-, probablemente no fuera invitado, o en caso de serlo, debe haber declinado la invitación. En el mitin posterior se esperaba su intervención.

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Las intervenciones de los cuatro no aportaron gran cosa. Aún así, cabe destacar algunas propuestas coincidentes entre «el militar, el indio, el economista y el obispo». Todos ellos han coincidido en que no solamente otro mundo es posible, sino que es más necesario que nunca y que, además, como afirmó Chávez, si alguien quiere ser testigo de ese otro mundo, solo tiene que visitar sus países para comprobarlo. La integración económica de América Latina es apoyada por todos, y parece que comparten el propósito de crear una moneda común, que sustituya al dólar, hoy en día hegemónico en la región. Un mayor control de la economía por parte del Estado, abrazando las tradicionales tesis socialistas de planificación de la economía, fue otro de los temas de consenso, aplicado en estos momentos de crisis por presidentes de todos los signos políticos.Hugo chávez, que no fue el más aplaudido (en beneficio de Evo Morales), sí fue quien levantó más pasiones entre los jóvenes, que se abalanzaron al palco para tocarlo, cual estrella de rock. Afirmó que «un buen socialista debe ser feminista», tras definirse como tal, quizá empujado a hacerlo por los constantes vítores que un sonoro grupo de jóvenes feministas repetían en favor de tal causa. Estados Unidos no se libró de sus comentarios, de cuyo presidente saliente dijo que «se ha ido por la puerta de atrás, al basurero de la Historia». Respecto a Obama, «no me hago muchas ilusiones», comentó. No faltó su tradicional mención al indio Tupac Katari, quien cuando estaba siendo ejecutado por los españoles, con un caballo estirando de cada una de sus extremidades, les dijo «ahora muero, pero algún día volveré hecho millones». Profecía que parece cumplirse.

Morales aprovechó su intervención para pedir además de otro mundo posible, «otra fe, creencias, religiones e Iglesia posibles», tras la fuerte campaña de la Iglesia en contra de la nueva constitución boliviana, aprobada finalmente en el reciente referendum celebrado en Bolivia. Correa definió de «Tsunami neoliberal» lo que ocurrió en América Latina las pasadas décadas, con las medidas impuestas a sus países por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Y Lugo, más comedido, pidió que volviéramos «a la profecía del pueblo guaraní, a la tierras sin mal». Cerró las intervenciones Joao Pedro Stedile, líder del MST, quien denunció con coraje ante los cuatro presidentes, que sus «gobiernos han andado muy poco todo, les pedimos más, tiene que hacer cambios estructurales» y les pidió, bajo la aclamación de todos los presentes, que al contrario de lo aquí ocurrido, «los presidentes tienen que invitar en su próxima cumbre a los movimientos sociales, para dialogar con ellos».

Es la primera vez que cuatro presidentes se dan cita en una actividad paralela al Foro, lo que ha sido interpretado por la organización como un claro indicador de la importancia que el FSM está tomando y de la necesidad que algunos políticos tienen de legitimarse ante los movimientos sociales de todo el mundo, ante los verdaderos artífices de los cambios sociales de sus países, como todos los presidentes han reconocido en sus intervenciones.