Opinion · Diario de un altermundista

10 años después de Seattle

El movimiento antiglobalización se convirtió en mediático a partir de las protestas de Seattle contra la reunión de la OMC, donde los neoliberales campaban a sus anchas e intentaban dar un paso de gigante en la creación del libre mercado mundial, en el que las empresas transnacionales podrían hacer y deshacer a su antojo, en su propio beneficio, claro. Que además se trataba del máximo beneficio económico preferiblemente en el plazo de tiempo más corto posible. El caso es que decenas de miles de manifestantes de muy diversa procedencia se organizaron de tal modo que hasta The Economist reconoció sus logros, a través de asumir el fracaso de la reunión de la OMC. Han pasado diez años de Seattle y el movimiento antiglobalización ha cambiado casi tanto como la legitimidad del sistema al que critican. Diez años después de Seattle el capitalismo neoliberal está más cuestionado que nunca, incluso por sus promotores. Ya se ha pasado el subidón que les dio a los neoliberales con la caida del muro de Berlín y ante la adversidad han pedido ayuda a Papá Estado, algo muy poco neoliberal.

El movimiento antiglobalización por su parte se ha transformado en lo que se ha denominado movimiento alterglobalización o, como algunos preferimos, altermundista. De las protestas que siguieron a Seattle, que fueron muchas y sonadas, se ha pasado a mostrar una imagen menos enfocada a la protesta y más dirigida a la propuesta. De ahí que se creara el Foro Social Mundial, recopilador de las propuestas del movimiento antiglobalización y de otros muchos colectivos. De negar la globalización se pasó primero a proponer una globalización alternativa y a continuación a proponer otro mundo, globalizado en algunos aspectos para unos y desglobalizado para otros. Diez años después de Seattle tenemos que volver a la calle para hacer oir nuestras propuestas y ofrecer alternativas al Capitalismo 2.0 que se están inventando los espabilados neoliberales para continuar con su particular expolio de los recursos de los países empobrecidos, precisamente por sus anteriores iniciativas.