Opinion · Diario de un altermundista

¡Peligro, prostitutas!

Un alcalde del xenófobo partido Liga Norte de Italia ha anunciado una nueva persecución a la prostitución con medidas tan absurdas como la de poner señales de tráfico triangulares -las que avisan del peligro- con un dibujo que muestra a una mujer con minifalda, tacones y bolso. Esto, que no es nuevo en Italia, se suma a la reciente redada realizada por los Mossos d’Esquadra en Barcelona que con la excusa de perseguir la prostitución, lo que hicieron fue perseguir a las prostitutas de los aledaños del Camp Nou, deteniendo a cerca de un centenar. Ambas son muestras de la miopía de las autoridades para afrontar uno de los graves problemas  de nuestra sociedad, no por antiguo menos importante, que no es otro que la explotación sexual, una muestra más de la violencia hacia las mujeres. La solución que han encontrado es criminalizar a las prostitutas, haciéndolas culpables de hacer caer en la tentación a pobres e indefensos señores que acuden a ellas con la billetera llena y ansias de utilizar el cuerpo de una mujer a cambio del poder del dinero. Resulta más que evidente que en este intercambio las víctimas son las prostitutas y los verdugos los clientes, con lo que si hay que criminalizar a alguien es a los segundos. Quede dicho que lo mismo ocurre con la prostitución masculina. La solución deseable es evidentemente la abolición de la prostitución, porque es un método más de ejercer violencia sobre las personas. Además, prácticamente en todos los casos, las prostitutas están amenazadas por mafias que a punta de pistola las tienen trabajando en las calles o en burdeles de carretera como esclavas sexuales. Pero claro, la abolición de la prostitución no es algo que se pueda conseguir de un día para otro y los interrogantes aparecen en el proceso durante el que se consiga. De este modo, la preguntas es: ¿regulación o prohibición? Regular puede significar legitimar legalmente la explotación sexual, con el peligro añadido que supondría facilitar la legalización del proxenetismo. Prohibir, que es la vía elegida actualmente, supone en la práctica criminalizar a quienes en realidad son víctimas de la explotación sexual. Es como hacer culpables del esclavismo a esclavos y esclavas o de la explotación infantil a niños y niñas. Pero la solución es mucho más fácil de lo que parece. Porque si supiéramos que hubiera menores trabajando o personas esclavizadas no dudaríamos en tomar medidas protectoras para acabar con tal situación de manera drástica. Es decir, la protección social de las víctimas de la violencia, en este caso la sexual, es el camino hacia la abolición. Esta protección debe ser global, dando el estatus de ciudadano y ciudadana de pleno derecho a quien sea víctima de la explotación sexual, así como el apoyo de seguridad, sanitario, educacional y económico necesario para que estas personas puedan rehacer su vida y vivir con dignidad, la misma de la que alardean sus faltos de escrúpulos clientes. Las prostitutas no son un peligro, los verdaderos peligrosos son los proxenetas y de algún modo los clientes.Atencion prostitutasFoto: www.diariodelviajero.com