Opinion · Diario de un altermundista

Violencia sexual

Una noticia que conmocionó recientemente gran parte de nuestra sociedad fue una violación masiva en la región de los Kivus en el Este de República Democrática del Congo. Durante dos meses he tenido la oportunidad de trabajar en esta zona y de ver de cerca la terrible realidad que se esconde detrás de una noticia que solo llega a nuestros oídos cuando se produce de forma «masiva». No vamos a descubrir aquí que una de las armas de guerra es la violación, pero sí que creo que hay que sacar a la luz algo todavía más terrible, la aceptación de la violencia sexual por sus propias víctimas como algo que pueda formar parte de la normalidad.

Son muchos los testimonios de mujeres que explican que hombres en uniforme las han violado una, dos, tres y hasta un número de veces que no es posible imaginar. Pero existe la certeza entre quienes trabajan en el ámbito de la violencia sexual en RDC (como Médicos Sin Fronteras) de que son muchos más los casos que no salen a la luz por el rechazo social que la víctima puede sufrir. Porque una mujer violada es repudiada en la mayoría de las ocasiones por su entorno y lo que es peor, por su marido. Porque la impunidad del violador es el pan de cada día. Porque incluso alguna mujer ha llegado a decir que no se había decidido a denunciar porque no la habían violado tantas veces como para considerarlo importante.

La violencia sexual como arma de guerra sucede hoy y ahora en lugares como RDC, donde la Comunidad Internacional no se atreve a reaccionar con contundencia. La violencia sexual como terrible caso extremo de la violencia machista ataca a miles de mujeres que la sufren en silencio.