Diario de un altermundista

La guerra no empieza ahora

En tan solo una semana la escalada verbal en el lenguaje diplomático sobre la utilización de armas químicas en el conflicto armado sirio ha puesto sobre la mesa la posibilidad de una intervención militar directa occidental contra el régimen de Bachar Al-Asad. Estados Unidos mantiene su discurso beligerante desde la introducción de la linea roja del Nobel de la Paz Obama. Hay quien asegura que el presidente estadounidense está preso de sus palabras y ahora está obligado a actuar. Pero no se nos dice que esta declaración quizá sea un paso más en la estrategia del Pentágono que ya estaba preparando su inervención en Siria cuando Obama dijo estas palabras. Siria es uno de los pocos países fuera de la órbita de control estadounidense, mientras Rusia tiene importantes intereses geopolíticos en el país, además de un excelente cliente para su armamento. En una caldeada región, en la que el predilecto aliado estadounidense Israel juega un rol principal, esto puede ser razón suficiente para justificar desde un punto de vista geoestratégico una intervención militar. Pero los informes secretos y confidenciales de Israel, Reino Unido, EEUU... a los que se hace referencia para probar el uso de armas químicas por el régimen sirio, no tienen ninguna credibilidad. Desde el monumental engaño a la opinión pública descubierto a los mismos protagonistas en la justificación de la guerra de Irak, ya nadie cree las supuestas buenas intenciones de las intervenciones armadas de las potencias occidentales.

Más allá de las verdaderas razones que se esconden tras la intención de los aliados occidentales de participar directamente en la guerra siria es necesario decir alto y claro que ayudar a la población civil no es el objetivo de un hipotético ataque armado, ni en este caso ni en ninguno. Para ayudar a las víctimas de la guerra no hay que bombardear todavía más, ni hay que facilitar más armas a ninguno de los bandos beligerantes para que sigan matándose. Para aliviar el sufrimiento de la población civil se debe enviar ayuda humanitaria, dejar de armar, emprender el desarme de los contendientes e invertir en políticas de reconciliación, desarrollo y democratización. El informe de los inspectores de Naciones Unidas deberá arrojar luz sobre el uso de armas químicas, quizá lo demuestre, y en ese caso, habrá un razón más para hacer lo imposible por que cesen las hostilidades. Pero nunca podrá ser la justificación moral de un aumento de la violencia armada en una guerra que no empieza ahora, y en la que no se ha hecho nada durante los dos años en los que se ha cobrado decenas de miles de víctimas y millones de damnificados.