Detrás de la función

Chile: ¿rescate o secuestro?

Los treinta y tres mineros chilenos, nuestros "héroes" mientras se nos muestren como tales, han sido extraídos de la mina para, acto seguido, quedar encerrados en una descomunal caverna de cristal, extraordinariamente flexible pero muy difícil de destruir. En principio, las condiciones de esta nueva residencia serán mucho mejores que las de la gruta de San José, pero hubiera sido mejor no quedar atrapados en ninguna de las dos. Tampoco tenían elección.

Por tanto, la vida de estos trabajadores de clase humilde no vuelve precisamente "a la normalidad", como afirman con hipocresía algunas emisoras. La "normalidad" para ellos murió cuando pasaron a ser actores de un 'reality' global, el primer concurso bajo tierra con aspirantes obligados a participar, en el que todo, hasta la muerte, estaba permitido, y del que han salido como teóricos vencedores.

Nuestra insaciable demanda de espectáculo va a determinar el futuro de estos ciudadanos 'escogidos'. Satisfecha temporalmente gracias al éxito del fatal concurso, esta mirada exigirá de los mineros un perfil acorde con los personajes que han representado sin saberlo: líos entre esposas y amantes, engaños, motines, sufrimiento, enfermedades, gestas... No será raro que los medios "revelen" un día que alguno que otro de los integrantes del encierro no era tan buena persona como "en un principio podría creerse". Esta orgía especulativa que es la televisión y sus familiares no entiende de puntos medios…

Va a ser difícil que obreros de la extracción cultural de los retenidos en la mina escapen de este secuestro mediático: ¿resistirán o se transformarán definitivamente en lo que los focos, el público o la recompensa en forma de dinero prefieran? ¿Olvidarán su pasado precario y hasta miserable para encarar un presente glorioso pero ajeno? ¿Quién se preocupará de su bienestar cuando dejen de ser rentables, o cuando otro desastre seleccione a actores más adecuados para la pantalla?

Como una atracción abandonada por vieja y obsoleta, escondida tras las sombras del parque temático, quedará el espectáculo que estos mineros habían conocido hasta estos días: la explotación del hombre por el hombre; la mina como último recurso para ganarse la vida, a riesgo de perderla; un Estado insensible a lo social y solo pendiente de las cámaras, etc. Estos temas ocuparán mucho menos espacio, pues son poco funcionales para los tiempos que corren y, por tanto, no tienen por qué ser "reales". Tendremos que seguir esperando. Que la salud les acompañe en lo que les queda de viaje.