Detrás de la función

¿De quién depende el fin de ETA?

Todo parece indicar que "el final de ETA está más cerca que nunca". Una especie de 'macropantalla', compuesta por lo que ofrecen los principales medios de comunicación al respecto, nos convierte en espectadores privilegiados de una narración que promete ser continua a lo largo de las próximas semanas, eclipsando otros asuntos. Cualquier tipo de disidencia intelectual será políticamente incorrecta, ya que hemos aprendido hace mucho que el terrorismo en nuestras fronteras es un problema de primer orden. Y así está previsto que lo vivamos e incluso sintamos; ha muerto muchísima gente por este conflicto, pero existe otra razón incómoda de recordar, pero que no por ello está ausente: es un tema que "funciona".

No en vano, se trata de uno de los asuntos en el que los medios de comunicación han invertido más dinero a lo largo de las últimas décadas: crónicas, reportajes de investigación, entrevistas, análisis, especiales… De tal modo que no queda demasiado claro si el "nuevo escenario" se genera solo a raíz de pasos políticos -detenciones, nueva postura de la izquierda abertzale, cambio de Gobierno, etc.- o también porque determinados intereses han decidido que este es el momento indicado para situar el conflicto en ‘prime time’, exigiendo ahora la máxima atención por parte de los espectadores.

En el marco que se nos ofrece, se plantea la posibilidad de un diálogo entre dos partes que tendrán que llegar a algún acuerdo, pero se obvia oficialmente el papel de los medios de comunicación, que son los únicos que lo tienen totalmente claro: es la ocasión para narrar en directo "cómo se hace la Historia". Y esta tercera parte interesada imprimirá una presión tal que hará avanzar a los acontecimientos, marchando, en muchas ocasiones, por detrás de las noticias.

De ahí que contemos ya con toda una 'sintomatología de los procesos de paz': según algunas "fuentes", el PSE ya habría traicionado al PP reuniéndose con Batasuna; el superministro y vicepresidente Rubalcaba estaría atando cabos para legalizar a la izquierda abertzale; muchas víctimas del terrorismo planean manifestarse en contra de lo que está sucediendo (¡¿pero qué está sucediendo?!)... Los protagonistas del proceso cuentan ya con todas estas historias paralelas a la hora de actuar, por lo que lo ficticio se convierte en real y condiciona el desarrollo de los acontecimientos -podemos imaginarnos la siguiente afirmación por parte de algún dirigente gubernamental: "Esto no lo podemos decir así: EL MUNDO lo llevaría inmediatamente a la portada"-. En la práctica, la negociación y el diálogo se producen a tres bandas, puesto que la realidad también puede ser objeto de regateo.

¿Quieren el Ejecutivo y Batasuna acabar con el conflicto? ¿Y qué se proponen los medios de comunicación? Los hay que seguirían persiguiendo etarras aun con las armas entregadas: violencia callejera, nuevas escisiones, "traiciones" a las víctimas del terrorismo, entrada a las instituciones de quienes apoyaron a los asesinos en el pasado, etc. ¿Quién decide el final de este largometraje? ¿Por qué no se nos cuenta también que ETA es, para muchos, un producto demasiado valioso como para abandonarlo definitivamente?