Detrás de la función

¿Qué hay detrás de la "crispación"?

El filme "La última cena" (1996) narra las peripecias de un grupo de estudiantes progresistas que invitan periódicamente a cenar en su casa a un miembro de la "caverna" norteamericana; si no consiguen hacer renegar al comensal de su conservadurismo, lo envenenan con una copa de vino.

La cosa se les va de las manos y acaban convirtiendo el jardín en un rebosante cementerio. La velada final tendrá lugar con un predicador televisivo ultra que los sorprende nada más comenzar, al negarse a bendecir la mesa: "Yo lo que hago es decirle a la gente lo que quiere oír; las voces extremas contribuimos a concentrar a los votantes en el centro. En realidad no hay apenas diferencias entre un bando y el otro". Ante tal despliegue de cinismo, los universitarios se descolocan y terminan envenenados por su propia cicuta.

Aunque nos cueste creerlo, personajes como el falso predicador de la película campan a sus anchas entre la derecha mediática española, compartiendo plaza con los reaccionarios "puros". Y esto sucede principalmente porque los medios de comunicación no dejan de ser empresas que venden mensajes para ser consumidos por una audiencia. El que consiga tener más seguidores es el que sobrevive con más garantías.

No se puede esperar moderación, imparcialidad y análisis funcionales para la sociedad cuando los lectores conservadores tienen que elegir en el quiosco entre El Mundo, ABC, La Razón, La Gaceta (y Expansión). Paralelamente a la "guerra de depósitos" de las entidades bancarias, muchos diarios responden con una constante batalla de portadas. Para colmo, como decía el sociólogo Pierre Bordieu, emplean el modelo de la "competencia por lo bajo". ¿Acaso podríamos haber llegado a otro punto distinto por este camino?

Algo similar sucede en la radio, la televisión y los formatos de Internet. La intensa competencia lleva a muchos a aumentar el dramatismo de sus mensajes e incluso inventar historias atractivas para maximizar beneficios: las conspiraciones y los pactos oscuros se explican perfectamente a partir de este modelo. Aunque subyacen claras motivaciones políticas en muchos casos, quedaríamos mejor armados si concediésemos cada vez mayor peso al factor económico. Buena parte de quienes configuran la "realidad" tienen poco compromiso con esta y con sus consecuencias. No son elegidos cada cuatro años pero, paradójicamente, nos permiten votarlos en cada ‘zapping’ o en cada ‘click’. Y también podemos dar ejemplo para que los conservadores comiencen a hacerlo.