Detrás de la función

¿Necesitamos a un nuevo Saddam?

Muamar el Gadafi es, por méritos propios e intereses muy diversos, el inesperado sucesor de Saddam Hussein en el papel de "Enemigo Público Número Uno". Su testarudez y su falta de respeto sobre la vida de las personas le han configurado un currículum imparable. La revuelta ciudadana y, en segundo lugar, los focos mediáticos que ahora hacen caja con esta nueva fase del espectáculo mundial han hecho el resto. Ya contamos con un nuevo malvado propio de las películas que tienen un final feliz, con el valor añadido –parafraseando a Jean Baudrillard- de que este asesina a la gente de verdad. Un producto inmejorable.

Llegados a este punto, todas las informaciones que vengan en la misma dirección serán casi siempre consideradas válidas. El filtro periodístico se relaja si lo nuevo que llega refuerza las tesis dominantes. El conjunto de todas estas informaciones nos revela que la mayoría de la ciudadanía libia parece haber ganado la batalla simbólica; solo falta saber quién se llevará esta vez el premio gordo -el mismo que en Irak-.

Si bien estamos en el estadio libio de las exitosas revueltas árabes -que en Túnez podrían dar lugar a un experimento progresista-, una mirada a la Historia nos llama a un casi obligado cinismo. Poco después de comenzar las protestas se fueron incorporando otros elementos e intereses. ¿Se les irá de las manos a quienes juegan a convertir la revolución en un producto al servicio del orden mundial? ¿Es preferible que estos pueblos escojan la modernización alternativa que supone una sociedad confesional islamista? Que haya muchos análisis e informaciones circulando no garantiza que nos den las respuestas a las preguntas cruciales. ¿Habrá que esperar años para saber lo que estaba ocurriendo de verdad en estos momentos?

Muchos esperamos ya la caída de la siguiente dictadura. No todos queremos ver lo mismo; la complejidad de lo que sucede nos permite construir y consumir realidades muy distintas: unos creeremos estar ante movimientos laicos que protestan por la libertad y una mayor equidad; otros solo prestarán atención al peligro islamista. De la falta de medios para saber lo que pasa, estamos ante una abundancia y un "hágase usted mismo su revolución". Una súper empresa como Ikea propone algo muy parecido. ¿Es solo una coincidencia?