Detrás de la función

¿Hay alguien ahí?

Vas por la autovía a 108 kilómetros por hora y te pasa un coche que marcha por lo menos a 140. ¿Cómo es posible que no conozca la nueva normativa y las multas que están poniendo? "Es que se saben dónde están los radares y frenan cuando les toca", te contesta un amigo, sorprendido de que tú no te los conozcas. Aunque parezca una simple anécdota, es una perfecta metáfora de la sociedad que recreamos continuamente.

Los que se saben los radares a veces cuentan con un negocio defraudador de Hacienda que jamás será descubierto por la nueva campaña del Gobierno para acabar con la economía sumergida. Son demasiado inteligentes para ello. Eso nos podría tocar a nosotros si por ejemplo, mientras cobramos los 400 euros por estar desempleados, se nos ocurre facturar un artículo o un trabajo a cuenta de una empresa sin antes darnos de alta como autónomos. Y lo haríamos agachando la cabeza mientras nuestro dinero se va literalmente a las manos de los más ricos, aunque sea de una forma indirecta.

Otros listos con un poco más de capacidad adquisitiva destinarán voluntariamente una cantidad anual para que un asesor fiscal les libre de pagar lo que realmente deben al Estado. Ese monto se quedará sin cobrar o se llenará a base de multas para los que sean cazados en un tramo a 120 kilómetros por hora o no se aclaren con el aparcamiento de residentes. El dinero y las libertades acaban redistribuyéndose hacia las capas de arriba.

Como apenas hay medios de comunicación que hablen de estas cosas, la frustración y el cabreo se institucionalizan, lo que lleva al cinismo y a la apatía política de los ciudadanos. "Pagarán más los que más tienen" y otros eslóganes vacíos impactan sobre una población que lo único que busca es una cabeza de turco. Y mientras tanto, las izquierdas en la oposición seguirán discutiendo, con la mejor intención del mundo, sobre debates teóricos en los que el antagonismo de las clases y las estructuras en conflicto se traducen y se comunican en un lenguaje que la población que cuenta a la hora de la verdad no se va a molestar en escuchar.

¿Hacia dónde vamos? Probablemente hacia el modelo de la Liga Norte en Italia. Ante la parálisis de las izquierdas italianas, esta formación populista se hizo con la gente en muchas regiones. El motivo: hablaban a los ciudadanos de frente y con un lenguaje que estos podían comprender, ofreciéndoles soluciones y señalando a los supuestos culpables. Los potenciales votantes recuperaron algo de autoestima y renunciaron a su ideología: "Lo que importan son las personas", "yo lo que quiero es que las cosas se hagan bien", "un país se debe gobernar como una empresa"…

¿Por qué no cala una descripción de la realidad en la que la ciudadanía está en un constante conflicto con los poderes financieros, por decir uno de ellos? ¿Es suficiente el bloqueo mediático para justificar la ausencia de estos marcos de análisis? Mientras son ya muchos países de toda clase los que se han movido para exigir más recursos y libertades ante la actual situación, los españoles seguimos tragando, literalmente. Nuestra Liga Norte -o Sur- nos espera a la vuelta de la esquina.