Al sur a la izquierda

Una Sociedad de Naciones del Sur

La última noticia bomba en Andalucía es que Andalucía le ha pedido al Gobierno un adelanto a cuenta de mil millones de euros para tapar agujeros. Es la misma noticia bomba ya vivida semanas o meses atrás por otras comunidades como Cataluña, Valencia o Murcia. En realidad, la noticia bomba es que ahí no hay noticia bomba alguna en ello. Ni la hubo en la petición de rescate, préstamo o adelanto de ninguna de las otras comunidades autónomas. Pero es que tampoco habrá noticia bomba, aunque lo parezca, cuando España tenga que solicitar a la Unión Europea el rescate que el Gobierno tanto se resiste a solicitar. Aunque tampoco es raro que se resista a hacerlo, como se han resistido las comunidades autónomas a pedir a su vez el rescate a Madrid: los países, como las personas, consideran un deshonor verse en la necesidad de pedir dinero para poder pagar sus deudas.

La noticia bomba está en otro sitio. La noticia bomba es que toda la Europa del Sur se está desmoronando vertiginosamente como una columna de fichas de dominó y sus gobernantes están ciegos para ver más allá de sus propias fronteras, están paralizados por el peso de la culpa y bloqueados por la vergüenza de ser vistos por la Europa del Norte como unos irresponsables derrochadores en los que no se puede confiar, unos tipos que habrían venido a confirmar todos esos tópicos acumulados durante siglos según los cuales la gente del Sur es…como es, qué vamos a hacerle. Lo más grave no es que la mayoría gente del Norte crea ver confirmados esos tópicos sobre el Sur: lo más grave es que la mayoría de la gente del Sur también ha acabado pensado eso de sí misma.

Esa torcida y unilateral percepción de la cosas no parece inmutarse ni darse por aludida ante el hecho, política y económicamente significativo, de que desde hace al menos una década todos los Gobiernos del Sur se hayan equivocado al mismo tiempo y todos los Gobiernos del Norte hayan acertado al mismo tiempo. ¿Cómo ha sido tal cosa posible? Porque la gente del Norte es diligente, austera y trabajadora y la gente del Sur es todo lo contrario, dirán muchos. Puede ser, pero es poco probable. O al menos es poco verosímil. Mucho más probable y verosímil parece, sin embargo, que tal cosa haya sucedido en gran medida porque el diseño del euro y de la propia arquitectura institucional y financiera de la Unión Europea ha hecho posible que suceda.

Cuando aventuro que lo más grave es que los Países del Sur piensen de sí mismos lo que piensan de ellos los Norte lo que quiero decir es que los Gobiernos del Sur no están actuando como verdaderos Gobiernos, sino como deudores avergonzados de sí mismos. Si actuaran como verdaderos Gobiernos habrían intentado a menos esto: crear un frente común de la Europa del Sur con capacidad para defender un mismo diagnóstico de la crisis y reclamar a la Europa del Norte políticas que sirvan para salir de ella y no simplemente para hacer sufrir a sus ciudadanos haciéndoles pagar por pecados que tal vez no hayan cometido. O al menos no hayan cometido ellos solos.

Tal vez haya llegado la hora de que Madrid, Roma, Lisboa, Atenas y Dublín convoquen, con la anuencia de París, una Cumbre de Países del Sur para determinar si vale la pena hacer algo todos juntos y hacerlo a la vez. No se trata de fracturar Europa: al contrario, se trata, una vez certificada la constatación de que Europa está efectivamente fracturada, actuar en consecuencia y buscar la manera de soldar esa inmensa fractura. ¿Es arriesgado para la propia Unión Europea una ofensiva diplomática en esa dirección? Sin duda lo es. No es peligroso pero sí arriesgado. Peligroso sería si todos los países estuvieran armados hasta los dientes y deseosos de invadirse unos a otros, como ocurría en 1914.

Hacer política en tiempos difíciles siempre es arriesgado, pero es que cuando no es arriesgado es que entonces lo que se está haciendo no es política. Se está haciendo contabilidad, gestión, administración, pero no política. Y es que los gobernantes europeos del Sur no parecen advertir que su comportamiento de puntillosos contables que hacen lo que pueden para cuadrar sus cuentas como exige el Norte está desacreditándolos de una manera muy peligrosa, y quién sabe si irreversible, a los ojos de sus ciudadanos.

Hay que pedirles a nuestros gobernantes esa audacia tranquila que requieren unos tiempos tan difíciles como estos. Los ciudadanos necesitamos ver que nuestros gobernantes hacen algo más de lo que están haciendo, aunque sólo sea porque lo que están haciendo no está sirviendo para nada y nadie sabe si alguna vez servirá para algo.

No se trata de crear un Frente Sur, una ONU del Sur, una Alianza de Naciones del Sur, una Sociedad de Naciones del Sur, o como queramos llamarlo, para eludir responsabilidades. Se trata de crear esa alianza para hacerse oír, ser respetados y actuar unánimemente desde esa ciudadela del respeto. Se dirá que la consecuencia de todo ello podría ser la ruptura del euro o la creación de dos euros distintos, uno para el Sur y otro para el Norte, pero es que en realidad ya hay, de hecho, dos euros distintos. En todo caso, una ofensiva de esa naturaleza tendría al menos la virtual de insuflar un poco de esperanza económica y autoestima política a las sociedades del Sur, una esperanza y una autoestima sin las cuales el presente que tenemos no vale la pena y el futuro que nos espera aún vale menos.