Al sur a la izquierda

Griñán y Rajoy decir adiós a guerra

Gran jefe indio de la reserva roja y gran jefe pálido de la nación blanca han dicho adiós a las armas. Griñán y Rajoy fumar juntos pipa de paz y decir adiós a guerra. Guerra ser mala para hombres, mujeres y niños.

La Junta de Andalucía y el Gobierno de España han cerrado ayer mismo un acuerdo trascendental para las cuentas autonómicas del año que viene: el Presupuesto de 2013 podrá consignar un techo de endeudamiento del entorno del 15%, entre uno y medio y dos puntos más del que pretendió imponer el Gobierno en la reunión del 31 de julio del Consejo de Política Fiscal y Financiera.

Esa diferencia porcentual que a primera vista parecería irrelevante tiene una traducción presupuestaria que en estos tiempos vale su peso en oro: al elevar su tope de endeudamiento, Andalucía podrá gastar el año que viene 2.700 millones más de que lo había estipulado el Gobierno en esa reunión de finales de julio, tras la cual, por cierto, Griñán desenterró enérgicamente el hacha de guerra diciendo aquello de que si Madrid le recortada así su capacidad para endeudarse la Junta tendría que cerrar hospitales y colegios y despedir hasta 60.000 empleados públicos.

En estos duros tiempos de escasez la política es así, una guerra encubierta para amarrar los pocos recursos disponibles, una guerra en la que unos hacen de indios y otros hacen de blancos, aunque se trate de papales cambiantes. En la negociación sobre el dinero que vendrá a Andalucía el año que viene a Griñán le ha tocado el papel de indio y a Rajoy el papel de blanco, pero a su vez, en la negociación sobre el dinero que vendrá a España el año que viene, a Rajoy le ha tocado el ingrato papel de indio y a la gente del Norte le ha tocado el papel de gente del Norte. De alguna manera, los del Norte siempre se las arreglan para que les toque el mejor papel. En realidad, el único, verdadero e inmutable gran jefe blanco es siempre el dinero. Dinero ser jefe y los demás ser indios. Quien decir eso, decir verdad.

Esa paz de Rajoy y Griñán es buena para ambos. En el panel de las cuentas andaluzas se había encendido la luz roja y era preciso apagarla como fuera. Griñán ha hecho lo que tenía que hacer. Y, bien mirado, el papel que le ha tocado hacer en este drama al presidente andaluz tampoco es tan malo como pudieran creer algunos. Como el de tantos políticos en estos tiempos, el papel de Griñán es el de un heroísmo incierto y deslucido que tal vez ni siquiera llegue a congregar el aplauso de su pueblo, tan castigado que apenas le quedan ganas de aplaudir a nadie.

Mientras tanto, en la gran reserva del sur el invierno no será tan duro como se temía. Aunque, como ya ocurrió este verano, pueda producirse algún nuevo asalto a los almacenes de comida por parte de los guerreros más impacientes de la pradera, lo cierto es que un invierno más los niños no se quedarán sin escuela ni los ancianos morirán a la intemperie, y eso ser bueno. Aunque no saber cuánto durar.