Al sur a la izquierda

Los tres escándalos

Dos sueldos por un solo trabajo. El presidente del Gobierno ha estado durante años cobrando un sueldo del Estado y un sobresueldo de su partido, cuyos fondos a su vez también provienen del Estado. Para que luego digan que tenemos un Estado canijo que no atiende a sus ciudadanos: al menos con algunos de ellos tal cosa es absolutamente falsa.

En la doble nómina de Marino Rajoy se dan cita tres escándalos: uno seguro, uno probable y uno inverosímil. El escándalo seguro es que, cuando estaba en la oposición, cobraba un sobresueldazo que rondaba los 200.000 euros anuales. El escándalo probable es que además de ese sobresueldo en nómina cobrara un sueldo en sobre, como sostienen los papeles de Bárcenas. Y luego hay un tercer escándalo, aunque este nos afecta a todos y es además el más importante de los tres, pues sin él no serían posibles los otros dos: es el escándalo de no habernos escandalizado cuando supimos, allá por la campaña electoral de 2008, que el presidente cobraba dos sueldos, uno del Estado y otro del partido, y que eso mismo hacían todos los dirigentes importantes del Partido Popular.

Del ahora expresidente del PP andaluz, Javier Arenas, conocimos su privilegiada situación salarial en junio de 2011, cuando no tuvo más remedio que declarar sus ingresos de 2010, que se elevaron a 178.000 euros, lo que hacía de él el político mejor pagado de Andalucía. Pero Arenas, que creía tener al alcance de la mano la victoria electoral y que temía con razón que la oposición pudiera hacer demagogia rastrera con sus honestos ingresos, tuvo la lúcida precaución de tomar medidas y, poco después de ser difundida su condición de 'doblesueldista', dejó de cobrar la paguita del partido, aunque el muy cuco no dijo nada, consciente tal vez de que, en la derecha española, rebajarte el sueldo puede convertirte en un apestado. Era un sacrificio, sí, pero era por Andalucía, que a ver si iba a resultar que por cien mil eurillos arriba o abajo en la nómina de un servidor público, los andaluces iban a perderse la oportunidad histórica de ser gobernados como merecían.

Mariano Rajoy ni siquiera hizo tal cosa. Mantuvo su condición de ’sobresueldista’ hasta que  Zapatero lo hizo presidente del Gobierno. Acorralado por unos papeles que dice que son mentira, el presidente nos ha enseñado ahora su declaración de la renta, confirmando así lo que deberíamos haber sabido con todo detalle desde hace años: que cobraba un sueldo del Estado y un sobresueldo del partido, y que el verdadero sueldo era el sobresueldo oculto, dado que el sueldo público era apenas un complemento. La derecha suele repetir que no está en política para ganar dinero, pero lo cierto es que siempre se las arregla para ganarlo a espuertas y casi siempre para que no nos escandalicemos por ello. En cierto sentido podemos estar orgullosos de ellos: tal vez nos engañen, sí, pero lo hacen con una profesionalidad, un estilo y un savoir-faire verdaderamente encomiables.

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