Antonio Baños

Tienes una carta del banco

La juventud me asegura que esos pasatiempos que llaman redes sociales son una cosa fantástica. Que cambian la sociedad, que provocan revoluciones y que, además, te permiten ligar. Prestaciones que El manifiesto comunista nunca pudo ofrecer. Pero a mí, un hombre sin Facebook, me gusta comunicarme con una persona cada vez. Esta semana he visto con alegría que no soy el único de esa opinión. Se ha sabido que Jean Claude Trichet, presidente del BCE y su sucesor, el italiano Mario Draghi, mandaron el pasado agosto una carta a Berlusconi exigiéndole lo de siempre: liberalización salvaje.
Lo sorprendente pues, no es el contenido del mensaje sino su formato. Una carta secreta y en inglés. Esto último también es llamativo por cuanto Draghi es italiano y podría haberla escrito en la bella lengua de Begnini y Mastroianni. Según cuentan, al buzón de la Moncloa llegó una misiva similar aunque, sabiendo el nivel de inglés del residente de palacio, igual pensó que era propaganda de un chino y fue a la papelera. Ni Skype ni Blackberry. Las amenazas, como los anónimos y las peticiones de rescate en un secuestro, aún llegan por carta.

Es sabido que Franco repartía los ceses de sus ministros con un motorista pero ¿Cómo se envía una carta secreta del BCE? ¿Correo certificado? ¿O, siendo para Berlusconi, en un sobre rosa y perfumado? Viendo el rollo Brando en El padrino de la misiva ("Las reformas no han sido suficiente") uno se pregunta si sus autores se plantearon incluir una cabeza de caballo y mandar el paquete por Seur al Cavaliere.
Me alegra que el expolio se gestione tal y como Felipe II gobernaba el imperio: por carta. Pero, en estos tiempos de inteligencia emocional, me pareció muy fea y seca la despedida: "Confiamos que el gobierno emprenderá las acciones apropiadas". Ni un saludo para la familia o las velinas. Recortes sí pero, ante todo, urbanidad. Tampoco hay ninguna palabra de aliento, ningún consejo reconfortante. Hubiese encajado perfectamente, dado el carácter del destinatario, aquello que Descartes escribió en una misiva a la Reina Cristina de Suecia: "Es mejor ser menos alegre y tener más conocimiento."
Hace siglos, el emperador chino Qianlong contestó por carta al rey inglés Jorge III cuando éste le exigió apertura comercial: "Tenemos de todo y por tanto no necesitamos importar de los bárbaros del exterior" Lamentablemente, no creo que la respuesta de Zapatero y Berlusconi a la requisitoria del BCE fuese en ese sentido.