Antonio Baños

Mark Twain en el Ecofin

Qué cortita que ha quedado aquella maldición china que decía: "Ojalá que vivas en tiempos interesantes" Qué cortita. Los europeos tenemos hoy el privilegio de asistir a momentos históricos a razón de uno por semana. Y si no, fíjense en las cumbres europeas. Nos entretienen, nos emocionan e informan sobre ese sordo combate entre la democracia y la fantasmagórica sombra de la deuda impagable. De la del miércoles pasado, me gustó especialmente el concepto "billón de euros" que es la nueva cantidad tope del celebérrimo "fondo de rescate" En otras circunstancias, invocar esa cantidad hubiese puesto de rodillas la soberbia de los pueblos emergentes. Pero, hoy en día, un billón suena mucho más al chorrocientos mil de un patio de colegio que a una cantidad disuasoria para los pérfidos mercados.

Mi tesis es que detrás de la pomposa cifra ofrecida por Sarko-Merkel, se encuentra un referente literario. El relato de Mark Twain titulado: "El billete de un millón de libras" Les resumo. Un par de banqueros cachondos (Como los de la CAM pero con clase) tienen un par de billetes de un millón de libras de valor facial. Y apuestan sobre qué ocurrirá si prestan uno durante un año a un pobre de solemnidad. Si recuerdan la película (El millonario) el pobre era Gregory Peck, que revestía la indigencia de viril atractivo. El caso, como podrán suponer, es que sólo con exhibir el billete, a Peck se le abrían todo tipo de líneas de crédito y jugosas inversiones. Al año, devolvió el billete intacto y acompañado de una sólida fortuna.
Igual, pensaron en Bruselas, sólo con mentar al billón, bastará. Y así ha sido durante unos días. Pero en estos tiempos olvidadizos, a los europeos nos ha faltado perspicacia. Lo que deberían haber hecho es aparecer con un billete de un billón de papel, como sugirió Twain. Como los euros se decoran con pórticos de diversos estilos, el de un billón debería ser la entrada a una caverna estilo Atapuerca, posible hogar futuro de todos nosotros. Qué pronto se nos lo disputarían. Jeques vanidosos, chinos engreídos, californianos tecnológicos...Todos pujarían por él y el crédito fluiría de nuevo. A los alemanes les vendrían tiernos recuerdos de la hiperinflación y el billete de 500, moneda española, negra y burbujera, perdería todo su atractivo y afloraría a la legalidad. Sólo nos falta un Gregory Peck que se pasee por los mercados mundiales exhibiendo el billete con donosura y credibilidad. ¿Antonio Banderas? ¿Cristóbal Montoro?