Antonio Baños

‘Vintage’ en Teherán

No hay que ser joven y moderno para saber que lo que parte la pana hoy en día es lo vintage. Para los lectores criogenizados que despierten al mundo, vintage es la tendencia por la cual cualquier ropaje del tío del pueblo o de la abuela moderna deviene en tope cool. Y ahora, se vuelven a llevar los setenta y los ochenta. Por lo visto, la geopolítica internacional no es ajena a estos movimientos juveniles y ha decidido, también, apostar por un escenario vintage en Oriente Medio. Las imágenes del pasado martes del asalto a la embajada británica en Teherán por la masas, presumiblemente trufadas de milicianos basiji, confirman que la tendencia de este otoño-invierno es de 1979. En aquel año se iniciaba una segunda crisis del petróleo (cuando aún pagábamos la primera) mientras arrancaba una revolución conservadora que está hoy en condiciones de pegar un nuevo acelerón ideológico. Fue en el 79 cuando Afganistán empezó a entrar en nuestras vidas y cuando comprendimos que Oriente Medio somos todos.

Y hoy volvemos, como ya se hizo con Irak, a la política de sanciones como antesala de una previsible escalada de tensión. Hace un mes, The Guardian relataba cómo el Ejército británico estudiaba respuestas militares a un conflicto con Irán. Y siguiendo con lo vintage, recordemos que este verano fue el 30º aniversario del bombardeo israelí al reactor iraquí de Osirak. Una operación que paralizó el programa nuclear de Sadam Husein y que Israel podría querer repetir, siguiendo los preceptos del amimut, o doctrina de la discreción que suele aplicar Israel a su "política" nuclear.

Sea o no viable un conflicto con Irán, lo cierto es que la tensión en sí misma puede generar ventajas. Uno, cuando ve a una potencia hablar de enemigos exteriores, sabe inmediatamente que la economía va mal e irá peor. El fantasma de la guerra siempre ha sido benéfico en los momentos bajos del ciclo: doma la volatilidad, mete a los especuladores en sus valores-refugio, permite alegrías presupuestarias a cargo de la seguridad nacional y, no menos importante, distrae a la opinión pública que es una barbaridad. Donde esté un posible ataque a los ayatolás, que se quiten las primas de riesgo, dónde va a parar.

La diferencia con el 79 es que hoy ya no hay tropas, ni dinero ni ganas para más guerras. Que las primaveras árabes matizan y complican el apoyo a Occidente. Que Obama no es Carter ni Jamenei el sha. Que China juega y que Pakistán no está para bromas. Vamos, que no cuela.