Crónicas Afganas

Un gesto de humanidad

Entre tanta oscuridad hay pequeños rayos de luz que consiguen abrirse hueco entre tanta desesperación. Gestos de esperanza donde nunca esperarías encontrártelos. Instantes que se te quedan grabados en la memoria a fuego. Momentos por los que merece la pena continuar... Ese instante. Ese momento ocurrió hace un par días.

Dos soldados afganos habían sido alcanzados por la explosión de un IED en el sur de Afganistán. Dos chicos jóvenes. Dos vidas unidas por una bomba colocada por la insurgencia al paso de su vehículo. Los dos presentaban heridas de diversa gravedad. Uno de ellos estaba cubierto completamente de sangre, la metralla le había alcanzado de lleno en la espalda y en las piernas. La sangre, siempre aparatosa, hacía pensar que su estado era gravísimo. De los dos era el que más llamaba la atención. El poder de la sangre, supongo... El joven, estaba colocado bocabajo en la camilla. Sin moverse sin reaccionar. Estaba empezando a dormirse. El paramédico que le examinaba le daba pequeños golpecitos en la cara para mantenerlo despierto... Mientras le decía al oído que no se durmiera que estaba a punto de llegar al hospital; que se pondría bien...

A su lado, su compañero se llevaba los dedos a los ojos para limpiarse las lágrimas que le caían en el rostro. Miraba a su amigo, tendido sobre la camilla y sin moverse. Se temía lo peor. Se giró hacia él y le acarició el rostro. Cómo haría un padre a un hijo. Lo hizo en repetidas ocasiones hasta que su compañero abrió los ojos. Entonces le sonrió y le volvió a acariciar. Se mantuvo así un buen rato hasta cerciorarse que su amigo no se dormía... Estaba preocupado por él; olvidándose de su propio estado. De su situación... Una situación crítica.

Los dos soldados afganos alcanzados por la explosión de un IED colocado en la provincia de Kandahar. Foto: A. Pampliega

Tenía el cuerpo cubierto por una manta térmica que le habían colocado en el hospital de campaña de la base norteamericana a la que había sido trasladado de urgencia tras la explosión. El sanitario le rasgó la manta, de color verdoso, para descubrir unas piernas destrozas. El IED le había dado de lleno. El médico norteamericano me miró y negó con la cabeza. Luego, una vez en tierra, me confesaría que es más que probable que perdiese las dos piernas...

A pesar de su estado el soldado no dejaba de prestar atención a su compañero. Le cogió de la mano y le hablaba para mantenerlo despierto. Se desvivió por él durante el tiempo que tardó el helicóptero en trasladarlos al hospital afgano situado en Camp Hero. Un gesto de humanidad que te hace esbozar una tímida sonrisa en la comisura de los labios al recordarlo. Un gesto que cuesta encontrar... y más en un sitio como este.