Crónicas Afganas

Los olvidados del periodismo

Desde Kabul.

Nunca firman una noticia pero sin ellos nuestro trabajo sería imposible. Nunca hacen un directo para la televisión pero sin sus contactos nuestras historias nunca saldrían a la luz y permanecerían ocultas bajo un montón de inmundicias a la espera de que alguien las encontrase como por arte de magia. No llevan ni casco ni chaleco pero se juegan el pellejo como el más aguerrido periodista occidental. Su muerte no ocupa ni un minuto en los informativos, ni siquiera un triste breve en la sección de mundo. No les importan a nadie, nadie habla de ellos pero sin ellos; nosotros- los ‘Corresponsales de Guerra’- nos las veríamos tiesas para llenar páginas y páginas de los periódicos o para hacer una ‘entrada’ diaria en el blog. Son los olvidados de una profesión que sirve para que algunos se luzcan y para que otros ‘carden’ la lana. Ellos son los ‘fixer’...

Un fixer viene a ser como ‘Dios’ para un corresponsal en zona de conflicto. Los utilizamos para aprovecharnos de sus contactos y buscar historias que de otra forma nos sería imposible encontrar. Todos, sin excepción, se juegan el cuello tanto o más que nosotros- yo diría que mucho más porque ellos se tienen que quedar en el país mientras nosotros regresamos a nuestras mulliditas camas en Occidente. Siempre que un periodista llega a un país desconocido requiere la ayuda inestimable de un fixer para poder encontrar aquello que busca, aquello por lo que ha recorrido miles de kilómetros; una historia... Pero muchos de estos fixer ya representan una historia por si solos; sin necesidad de patear las calles en busca de una.

Siempre que secuestran a un periodista o uno es asesinado a su lado está su fixer. Pero la vida de los locales no vale nada comparada con la de un occidental. Muchas veces ni siquiera se les nombra o se les califica como ‘chófer’ o ‘guías’. No les damos la importancia que merecen y en muchas ocasiones merecen un reconocimiento que jamás recibirán. Por eso me gustaría que esta entrada fuera un pequeño homenaje para ellos; porque sin ellos nuestro trabajo sería imposible de realizar.

Durante las más de treinta entradas que figuran en este blog he hablado de historias y de personas, sobre todo de personas. En Afganistán hay una guerra; sí- no seré yo quien lo ponga en duda- pero también hay personas que tienen historias que contar y entre esas historias me gustaría incluir la de mi fixer- al que puedo llamar amigo y al que tengo muchas cosas que agradecer. Se llama Mohammad Salem Wahdat- siempre estaré infinitamente agradecido a Mayte Carrasco por presentármelo.

Salem es un superviviente; cómo todos los afganos. A pesar de tener sólo 28 años- es de mi quinta- su aspecto es el de una persona 10 años mayor. La vida curte a los afganos a base de palos y Salem no ha escapado a los que le tenía que dar la vida. Perteneciente a la etnia tayika se vio obligado a huir del país con la llegada de los talibán. Su padre, temeroso de que la vida de sus dos hijos mayores corriese peligro, hizo un trato con un traficante de personas para que los sacase del país para que no cayesen en manos de los talibán. "Mi hermano y yo huimos a Irán y allí tuvimos que trabajar durante un año en una fábrica de ladrillos para saldar la deuda que mi padre contrajo con el traficante de personas. Tenía sólo 15 años y trabajábamos más de diez horas diarias. Debido al calor y a los gases nocivos mi piel comenzó a ennegrecerse y mi pelo empezó a caer", afirma Salem en perfecto castellano- estudio en la Universidad de Kabul la lengua de Cervantes.

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Mohammad Salem Wahdat en el valle de Kayan. Foto: A. Pampliega

Pero la vida le tenía guardado un trago más amargo todavía. "Mi padre permaneció en prisión más de dos años; los talibán le pegaban todos los días y sólo lo dejaron en libertad cuando supieron que estaba enfermo y que iba a morir. Falleció en enero de 2002 tras la caída de los talibán... por lo menos pudimos despedirnos de él", comenta visiblemente emocionado.

Salem tiene un talento innato. Un don de gentes que le hace un diamante en bruto y una fuente inagotable de información para los periodistas que llegamos a Kabul ansiosos por encontrar la historia de nuestra vida. Conoce a todo el mundo y todo el mundo le conoce a él. En su cartera tiene mil carnés de prensa- OTAN, ISAF, Ministerio del Interior, Ministerio de Defensa, ...- y en su agenda telefónica tiene infinidad de números de teléfono de amigos de amigos de otros amigos que conocen a otros amigos... Es un fixer en estado puro. Un periodista de raza que jamás saldrá firmando una noticia o que nunca abrirá un informativo con una conexión en directo. Pero sin el que yo nunca hubiese aguantado más de 40 días en Afganistán... ¡Muchas gracias, amigo!