A ojo

Tres viejos

En una viejísima revista semanal (18 de octubre de 1963) encuentro una frase dicha por Harold Macmillan, primer ministro inglés, que por entonces discutía con el presidente francés Charles de Gaulle y el canciller alemán Konrad Adenauer el ingreso del Reino Unido a lo que en aquella época era apenas el Mercado Común Europeo, embrión de la actual (aunque no se sabe si también futura) Unión Europea. Decía Macmillan: "Nosotros, los tres viejos, tenemos que cumplir esta tarea. Porque si no lo hacemos, los políticos de la nueva generación no lo lograrán, porque no han pasado por las que nosotros hemos pasado".

Macmillan era un conservador, como lo eran Adenauer y De Gaulle. Pero "las que habían pasado" esos tres viejos (la preguerra del capitalismo sin frenos que generó la Gran Depresión y los fascismos, y llevó a la guerra; la guerra misma y la posguerra del intervencionismo de Estado en la economía, que, paradójicamente, salvó el sistema capitalista), los habían llevado a los tres más allá de sus convicciones ideológicas y de sus intereses nacionales a lo que el historiador Tony Judt llama "debates políticos de tinte moral". El de la construcción de Europa sobre las ruinas, no sólo las de esa guerra, sino sobre la historia de miles de años de guerras sucesivas, era el más crucial de esos debates. "Casi todo el mundo –escribe Judt– temía las implicaciones de una vuelta al terror del pasado reciente y estaba dispuesto a limitar la libertad del mercado en nombre del interés público". Pero esos tres viejos no pudieron concluirlo. Y las nuevas generaciones de políticos –ya van dos o tres– terminaron por abandonarlo en aras del interés privado.

Ahora, cuando el capitalismo ha vuelto a perder el control bajo el modelo neoliberal anglosajón y está provocando la consiguiente nueva crisis mundial, la construcción de Europa debería ser de nuevo el más importante de los debates políticos que puedan darse. No se está dando. Por el contrario, a lo que estamos asistiendo es a la desconstrucción de Europa: a su desmantelamiento por consenso. ¿De los pueblos, como prometía la izquierda socialdemócrata? ¿De las patrias, como quería la derecha conservadora? No: por consenso de los bancos, que hoy mandan sobre los gobiernos.

Por muy poco "de los pueblos" que fuera la Europa a medio construir, su destrucción es un paso atrás.