A ojo

Injusticias

Prácticas comerciales injustas" son las que, según el presidente estadounidense, Barack Obama, osa aplicar China frente a Estados Unidos. Denuncia Obama el horror de los horrores: China subsidia sus exportaciones.

No voy a entrar en detalles. Pero ¿no es exactamente eso lo que hace Estados Unidos con sus propias exportaciones, no sólo hacia China sino hacia el mundo entero? Una subvención permitida y financiada por la existencia de un vastísimo mercado interno, y que se aplica a todos los productos, industriales, agrícolas, intelectuales: automóviles o películas de cine. Pero en el mismo discurso ante el Congreso en que Obama hacía la vibrante y patriótica denuncia que acabo de citar, y sin transición, se felicitaba por haber firmado en el último año varios tratados llamados "de libre comercio" con unos cuantos pequeños países económicamente indefensos. Decía Obama: –Con los acuerdos bilaterales que hemos firmado, millones de personas en Colombia, Panamá y Corea del Sur estarán comprando productos hechos en Estados Unidos. [Así]...vamos a lograr la meta de duplicar nuestras exportaciones en cinco años.

Eso que se llama "libre comercio" es aquel en el que la economía dominante –la de Estados Unidos, la de la Unión Europea, la de Japón– impone su proteccionismo interno a la vez que exige la eliminación del proteccionismo externo, el de las economías más débiles. Impone sus reglas: autoayuda de un lado, entrega incondicional del otro. China, por su tamaño, y por la terca voluntad autárquica que durante medio siglo de rígida dictadura de partido único le permitió protegerse del arrasamiento imperialista que había sufrido en los dos siglos anteriores, ha conseguido sobreponerse a esa imposición. Y ha hecho lo que han hecho todos los países desarrollados por el capitalismo en el mundo, desde Inglaterra y Alemania hasta Japón, pasando por Estados Unidos: protegerse. Y, en consecuencia, desarrollarse ella también. Lo mismo pudo hacer la Unión Soviética desde la revolución de los bolcheviques hasta la reconquista del capitalismo occidental bajo Boris Yeltsin y Vladimir Putin.

Parece un misterio inexplicable que los dirigentes de las economías débiles persistan en seguir las doctrinas de las fuertes, pero no sus prácticas: su prédica, y no su ejemplo. Claro está que habría que entrar a discutir si ese modelo de "desarrollo" es o no deseable. Pero esa es otra historia.