A ojo

Contumacia

Hace pocas semanas que el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, –el hombre impuesto allá por Occidente– dijo, irritado, que si la cosa seguía así también él se pasaría del lado de los combatientes talibanes, porque esa guerra está perdiéndose. Y en vez de felicitarlo por su lucidez, los representantes de Occidente (la OTAN, un enviado de la ONU, etc.), lo ridiculizaron, asegurando que hablaba bajo el influjo de alguna droga prohibida (por Occidente) "de las que produce su país". Es decir, en su caso, el opio de la amapola, o su derivado, la heroína. Droga cuyo tráfico en Occidente financia de lado a lado la guerra civil de Afganistán. La intervención de Occidente (OTAN, Estados Unidos, etc.) tiene el propósito de que esa droga y ese tráfico sigan estando prohibidos y, en consecuencia, generen ganancias suficientes como para financiar no sólo esa, sino otras guerras.
Pero, pese a todo, al cabo de decenios de ceguera interesada, viene abriéndose una rendija de luz en el asunto de esa guerra universal contra las drogas, insensatez manifiesta impuesta al mundo entero por los gobiernos de Estados Unidos que tanto sufrimiento y destrucción inútiles han provocado en todo el mundo (incluido Estados Unidos). El afgano Karzai no es el primero que protesta. Hace unos cuantos meses una Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, integrada por varios ex presidentes de países cuyas democracias están siendo destruidas por la guerra contra las drogas (México, Colombia, Brasil), se atrevió a insinuar cautelosamente que la política prohibicionista "ha sido un fracaso". El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha osado ir todavía más lejos, explicando que más se agrava el problema allí donde más interviene la DEA (agencia antidrogas de Estados Unidos). Y cada día más voces se unen a las de quienes, desde posturas ideológicas distintas (como la revista The Economist y, modestia aparte, yo mismo), llevamos toda la vida diciendo que la prohibición es el crimen.

De esas voces, la más reciente es la del nuevo "zar antidrogas" del Gobierno estadounidense, Gil Kerlikowske, que declaró oficialmente hace ocho días: "Hemos estado hablando de una guerra contra las drogas durante 40 años. No creo que el público estadounidense haya visto un gran éxito".
Pero anunció que la política de represión seguirá siendo la misma. Contumacia se llama a la obstinación en el error. O, en este caso, en el crimen.