A ojo

Austeridad

El diario inglés The Guardian abre su primera página con un titular didáctico, como para párvulos. "This, minister, is called the tube". Esto, señor Ministro, se llama el Metro". Y a continuación informa que el nuevo Gobierno de coalición conservador-liberal de Cameron y Clegg ha tomado como primera medida de austeridad fiscal la de suprimirles a los ministros del despacho sus coches oficiales con conductor, pertenecientes a la marca mítica de Jaguar. La cual, por cierto, no sé hoy a quién pertenece. ¿A la Toyota japonesa? ¿A la Volkswagen alemana? En el caso hipotético, claro está, de que la Wolkswagen sea todavía alemana. Pero esto es secundario. Lo importante –y al margen del también secundario asunto de que varias docenas de conductores tendrán que irse al paro– es que los ministros ingleses, según anunció el secretario del Tesoro, tendrán que usar transporte público o ir andando.
Y, como es sabido desde hace milenios, los ministros no son ministros para andar a pie o tomar el Metro, sino para lo contrario: para que los lleven de un lugar a otro en una litera cargada a hombros por esclavos, o en una silla de manos, o por lo menos a lomos de una mula mansa, como a los arzobispos. Si no, ¿por qué iban a molestarse en ser ministros? Lo resumió así Talleyrand, que era arzobispo, cuando lo nombraron la primera de muchas veces ministro en Francia:
–¡Ahora sí vamos a hacer una inmensa fortuna!
Y dos siglos después le hizo eco otro que fue ministro del PP en España:
–Tío, si yo en esto de la política sólo estoy para forrarme.

O sea, para ir en coche.
Mis lectores más ancianos recordarán tal vez –aunque sin llegar a lo de los milenios– que otro ministro francés, Giscard d’Estaing, estuvo a punto de perder su campaña por la Presidencia de la República a causa de un debate de televisión en el que no supo contestar cuánto costaba un billete de Metro. Pero es que, ¿para qué diablos lo iba a saber, si era ministro?
Tal vez no sobre recordar que, por añadidura, era ministro de Finanzas.
Y en cambio, volviendo a los ingleses, no debería ser muy difícil adivinar de qué podía ser ministro otro del pasado Gobierno que escribió en su blog (abierto al público: para que fuera leído por el público) la siguiente censura al uso de coches oficiales por parte de los ministros:
–No veo para qué necesitamos coche. Con el metro-bus, un billete de tren de segunda clase y de cuando en cuando un taxi debería ser suficiente.
Era ministro de Comunicaciones.