Apuntes peripatéticos

Sosiego

Dijo Mario Vargas Llosa el otro día, en una entrevista telefónica, que le gusta mucho la palabra sosiego. Me alegro de coincidir en esta predilección con el flamante Premio Nobel, a quien admiro desde hace años como novelista, pensador y hombre de bien, sin que ello implique, desde luego, estar siempre de acuerdo con sus opiniones sobre, por ejemplo, el "mercado".
Sosiego, sosegar, sosegadamente: como siempre, uno recurre primero al DRAE, que nos asegura, con la autoridad que reviste, que la raíz del vocablo es el latín vulgar *sessicare, ‘asentar’, de sessum, ‘sentado’. Sosiego, pues, implica estar sentado de manera relajada, tomando las cosas con calma, quizás meditando, y, cuando es compartido, conversando. Es mi pequeño descubrimiento de hoy, gracias al autor de La guerra del fin del mundo.
Sosiego es lo que por desgracia no hay, o apenas, en la España actual. Y cada día menos. Cuando es lo que más se necesita. Sería imprescindible, para que existiera, que nuestros políticos supiesen sentarse tranquilamente a aprender unos de otros, a intercambiar opiniones y a airear sus discrepancias sin quitarse mutuamente el uso de la palabra, a darnos una lección de convivencia. Y que los medios de comunicación tuviesen un talante similar. Pero parece que es demasiado pedir. Con solo leer en este diario cada mañana el resumen de lo que acaba de publicar la prensa de la caverna, resulta difícil no dar por perdida la batalla, sobre todo con los resultados de las encuestas a la vista. Uno soñaba y sueña con una España sosegada. ¿Nos permitirán tenerla algún día?