Apuntes peripatéticos

El ‘Bullying’

La despreciable figura del joven bully, uno de los arquetipos del imaginario británico, se refleja en miles de novelas, cómics y demás publicaciones inspiradas en la vida de los internados de la isla. ¿Cuál sería el término más o menos afín en español? Sólo encuentro matón, definido por Seco, Andrés y Ramos como "hombre bravucón y pendenciero que amenaza o intimida a sus oponentes". Pero un bully, como acabamos de señalar, no tiene por qué ser hombre. Igualmente puede ser, y a menudo lo es, un niño o un adolescente. Y matón, a diferencia de bully, suena casi a asesino a sueldo.
En el fondo el bully es un cobarde. Cuando se le hace frente eficazmente, se derrumba. Y, en las novelas aludidas, suele tropezar, tarde o temprano, y para íntima satisfacción del lector, con la horma de su zapato.
El sustantivo verbal bullying, si todavía no bully, ya va haciendo acto de presencia en español (así como otras muchas palabras terminadas en -ing). Será muy interesante ver si se generaliza, contribuyendo así a identificar un comportamiento tan deleznable aquí como en cualquier sociedad.
Vivimos en una Europa que ha tenido la grandeza de abolir la pena de muerte, pero en España la han seguido practicando los esbirros de ETA, además de, entretanto, amenazar e intimidar lo suyo. Por ello el hecho de que la llamada izquierda
abertzale haya roto por fin con la violencia de la banda es una noticia trascendental. Rufi Etxeberria va más allá: "El ciclo se ha cerrado y no vamos a vivir más episodios de lucha armada por parte de ETA". Esperemos que así sea. Ya bastaba... y tanto.