Apuntes peripatéticos

Ainadamar

García Lorca nació al lado del manantial que dio nombre al pueblo de Fuente Vaqueros, y fue asesinado cerca, o no lejos, de otro situado al pie de la Sierra de Alfacar. Los árabes granadinos, al fijarse en las burbujas que subían sin descanso a la superficie del mismo, lo llamaron Ainadamar, "La Fuente de las Lágrimas", y construyeron, en el siglo XI, una acequia para llevar su fresquísima agua hasta la ciudad. Se fueron levantando en sus alrededores lujosas residencias veraniegas, de las cuales hoy no queda rastro, y la belleza del lugar fue celebrada por poetas y prosistas.
Por el momento la fuente sigue manando, aunque no con la pujanza de antaño, y la pintoresca acequia de Ainadamar, cortada en algún punto más abajo, ya no riega los jardines de los cármenes del Albaicín. Sí atraviesa todavía, por el lado opuesto del valle, los vestigios del molino donde Federico y otros muchísimos condenados a muerte oirían su rumor. La Junta de Andalucía merece un aplauso por el acierto de haber adquirido el paraje para su conservación como lugar de la memoria.

Conmueve que acabasen con Lorca en las inmediaciones de un manantial elogiado, siglos atrás, por los poetas árabes de su tierra. Y conmueve que en Turquía haya un pequeño pueblo que ostenta el mismo topónimo. Se acaba de enterar de ello un escritor de aquel país, Yilmaz Alimoglu, uno de los capítulos de cuya novela Deserts and Mountains (2010) se titula, precisamente, "Ainadamar". Que venga, digo yo, la debida celebración y, quién sabe, el debido hermanamiento.