El hombre providencial

En tiempos de crisis hace falta un líder experimentado y carismático (Churchill sería el paradigma). Y, por lo que le toca al discurrir reciente de España, pocas veces tanto como ahora. Zapatero ha sido un adalid de talante tranquilo que consiguió, entre otros aciertos, una notable ampliación de derechos civiles (y una televisión pública admirable, sin anuncios comerciales). Jamás perdió las formas –ni los estribos– ante los insultos personales dirigidos hacia su persona, una y otra vez, en el hemiciclo. Tampoco se amilanó. Pero no poseía el don de Felipe González para la respuesta verbal rápida e ingeniosa. Pérez Rubalcaba sí, como se pudo constatar más claramente en la entrevista de Antena 3 del jueves pasado que en el debate con el jefe de la oposición. En ella estuvo brillante, incisivo, coherente, solidario, capaz de admitir errores (la maldita burbuja), sensible en temas medioambientales, compasivo, convincente y, además… ocurrente. Al líder carismático le beneficia el sentido del humor (si me apuran, recordaré que Jesucristo, aquel elocuente mitinero, no andaba desprovisto del mismo). Y Rubalcaba también lo tiene, se nota en sus ojos cuando ironiza, es consustancial con su manera de ser.
Su epifanía como candidato es providencial porque, si en esta coyuntura el PSOE no tuviera uno capaz de enardecer a los militantes y de ir convenciendo a afines e indecisos, la perspectiva electoral del partido sería aún más terrible de lo que han venido sugiriendo las encuestas. Confío en que su sprint final haga más difícil que Rajoy y los suyos tengan una nefasta mayoría absoluta en el nuevo Congreso.