Apuntes peripatéticos

Hombres de voz dura

The Guardian Weekly acaba de informar de que, de los 4.000 futbolistas profesionales de Inglaterra y Gales, ni uno solo está dispuesto a admitir en público ser gay. Según el reportaje, la homofobia es endémica en el soccer por aquellos andurriales isleños: en los estadios (donde no son infrecuentes los eslóganes antigays), en las altas instancias de la Asociación de Fútbol (FA) y entre los jugadores mismos. El articulista nos recuerda que el único futbolista británico profesional que salió resueltamente del armario, Justin Fashanu, lo pasó tan mal que se quitó la vida (en 1998). Y recalca que los derechos humanos han avanzado mucho más en el Ejército británico, tradicionalmente muy conservador, que en el fútbol. "Mandamos a gente abiertamente gay o lesbiana a luchar en Afganistán–se le ha quejado un activista–, pero no vamos a poder mandar este verano a gente abiertamente gay a luchar por la Copa Mundial".
No se trata sólo de los británicos, claro, sino de los deportes en general alrededor del globo. En un país tan dado al machismo como España sería interesante saber cuántos futbolistas profesionales y cuántos toreros llevan agenda secreta. Sobre todo estos, cifra y resumen, para algunos patriotas, de la virilidad de la raza pero que, hay que suponerlo, también tienen a veces sus debilidades. Pepe Amorós, que sustituyó a Sánchez Mejías como espada predilecto de los poetas de la Generación del 27, me aseguró que a Ignacio también le gustaban los chicos. Inasumible para los guardianes de mitos pero, qué le vamos a hacer, debajo del sayal hay al.