Apuntes peripatéticos

Decrecimiento

En ámbitos ecologistas españoles es cada vez más frecuente la llamada al decrecimiento, traducción del término francés décroissance. O sea, al levantamiento de diques contra el dogma del crecimiento sin límites. Dogma que desprecia la relación del hombre con su entorno, que se niega a entender que formamos parte de la naturaleza y dependemos de ella, que tenemos la obligación de proteger el medio ambiente y que seguir sin hacerlo supondrá nuestra ruina como especie.
El término adolece de evidentes inconvenientes, sobre todo en momentos de grave crisis e inseguridad para muchos millones de seres humanos. Parece sacado de un manual de economía y lleva una fuerte carga negativa. Prefiero el neologismo análogo que se ha puesto de moda en el inglés de Inglaterra, no sé si de Estados Unidos:
downsizing, literalmente, "el ir reduciendo tamaños". Se trata, como rezaba el cartel para unas Jornadas por el Decrecimiento celebradas en Logroño en 2009, de Menos para Vivir Mejor. De, por ejemplo, abandonar el coche grande a favor de uno más pequeño, más "verde" y, si es posible, dejarlo del todo; de utilizar el transporte público y el tren y evitar en lo posible el avión (contaminador brutal); o de sustituir las bombillas convencionales por las de bajo consumo. De un cambio de mentalidad, en suma. De otra manera de entender la vida.
La supresión de la publicidad en la televisión estatal es un valiente paso en la buena dirección. En vez de estimular cada equis minutos el despilfarro y el dispendio, proponer una película sin cortes: he aquí toda una revolución.