Apuntes peripatéticos

Setenta y cinco años después

Dentro de poco más de un año –quién sabe si con el Partido Popular instalado otra vez en el poder– habrán pasado 75 desde el inicio de la Guerra Civil y 36 desde la desaparición (física) de Francisco Franco. Siendo así parece mentira que la España del siglo XXI, plenamente integrada en Europa y disfrutando el periodo de paz democrática más larga de su historia, no haya sido capaz todavía de resolver satisfactoriamente el tema pendiente de las víctimas de aquel criminal régimen dictatorial. Debido a tal desidia muchísimos familiares de los represaliados han fallecido sin el consuelo de recuperar los restos de sus seres queridos. Ello es profundamente injusto.
Una de las consecuencias positivas del aberrante y bochornoso caso del juez Garzón es que ahora se sabe alrededor del mundo que la tan cacareada "Transición" española no fue tan modélica, que la Constitución de 1978 favorecía más a los vencedores que a los perdedores, que hubo no poca mala fe y que, en definitiva, la derecha profunda de hoy en absoluto tiene la intención de reconocer que los "otros" eran y son tan españoles como ellos, los únicos legítimos dueños del predio nacional. Oponerse a todo, negarse a todo, enredarlo todo, mofarse de todo. Practicar metódicamente el desdén, la mueca, la descalificación personal. Utilizar cualquier bajeza con tal de sacar un posible rédito electoral. El espectáculo es desolador y hiela la sangre cuando lo que necesita el país en estos momentos de tan grave crisis es un ejercicio, aunque fuera mínimo, de responsabilidad política.