Opinion · Aquí no se fía

Un respeto para los trabajadores de Iberia

 

 

En un país con las tragaderas que tiene España para ciertas cosas, el linchamiento público al que han sido sometidos los trabajadores de Iberia de un tiempo a esta parte resulta sencillamente obsceno. Aquí aguantamos que el presidente del Gobierno se pase por el arco del triunfo las promesas electorales que pusieron en sus manos las llaves del poder. Aquí soportamos con resignación bovina todos los sacrificios que se nos imponen, por duros que sean. Aquí nadie mueve un dedo pese a que las estadísticas oficiales hayan sobrepasado hace meses la bochornosa cifra de seis millones parados. Aquí, en fin, transigimos con que se nos meta la mano en la cartera, ya sea desde los bajos fondos de los partidos políticos o desde los aledaños del Palacio de la Zarzuela. Pero cuando unos trabajadores se movilizan en defensa de sus empleos y perturban nuestra vida diaria, entonces sí, nos llevamos las manos a la cabeza y tememos por la imagen de España. Como si eso la perjudicara más que el descrédito galopante de sus políticos, que la miseria creciente del país o que la corrupción generalizada.

Es posible que el futuro de Iberia esté gravemente amenazado por el vendaval que la crisis económica ha desatado sobre la aviación comercial y por sus propios errores de gestión. Es posible que para garantizar su supervivencia sea necesario aligerarla de una parte significativa de los elevados costes que soporta, entre ellos los de personal. Es posible que esos costes fuesen más llevaderos si algunos profesionales de la compañía no disfrutaran de los privilegios que los sucesivos directivos, incapaces de resistir su capacidad de presión, han ido concediéndoles a lo largo de los años. Es posible, por último, que la fusión con British Airways acarree obligaciones que Iberia en solitario no tendría. Pero de lo que no me cabe duda es de que, incluso en tales circunstancias, los trabajadores de la aerolínea tienen derecho a luchar con uñas y dientes por sus empleos. ¿O acaso, por pertenecer a una empresa estratégica, de trascendental importancia sin duda para nuestro sector turístico, deben esperar mansamente hasta que les embarquen camino del paro, quizás para siempre?

A los usuarios afectados por la huelga de Iberia y a los ciudadanos que, sin sufrirla directamente, están indignados por sus consecuencias, yo les preguntaría qué harían ellos si se viesen en la misma situación. ¿Esperarían el despido de brazos cruzados, sin oponer la más mínima resistencia? ¿Antepondrían su patriotismo a la preservación de sus empleos? ¿O, por el contrario, intentarían atenuar con todas sus fuerzas el alcance de un ERE brutal? Dicho a las claras: ¿pensarían más en su interés, en el de sus familias, en el de sus hijos… o en el de España? En un país hundido en la recesión, sin ninguna expectativa de salir del pozo; en un país donde cada día quedan menos empresas; en un país donde encontrar trabajo es una quimera, no parece difícil imaginar la respuesta. En un país como éste, lo lógico, lo natural, guste o no, es lo que están haciendo los trabajadores de Iberia. Unos trabajadores que ahora tienen que pronunciarse sobre la propuesta formulada por el mediador, que reduce sustancialmente el número de despedidos, pero que prevé que más de tres mil sean puestos de patitas en la calle.  La acepten o no, vaya mi total respeto para ellos; tanto si desconvocan la huelga como si deciden mantenerla.

.
.
Puedes seguirme en Twitter: @vicente_clavero