Aquí no se fía

Las "rebajas de impuestos" del PP: otra descarada tomadura de pelo

Después de haber causado sufrimientos sin cuento a los ciudadanos más desfavorecidos, aplicando una política de austeridad a ultranza, los barones regionales del PP se están dedicando ahora a la más agradable tarea de anunciar algunas bajadas de impuestos. Si quieren saber la razón de ese contagioso fenómeno, no hace falta que le den muchas vueltas: nada tiene que ver con una inminente salida de la crisis ni con que el sector público haya equilibrado ya sus cuentas; es sólo que las elecciones autonómicas están cada vez más cerca.

Como aplicados émulos –cuando no precursores– de su presidente nacional, esos mismos barones se han pasado reiteradamente por el arco del triunfo, durante los dos últimos años y medio, los programas para los que pidieron el voto el 22 de mayo de 2011. Prácticamente han borrado del mapa la inversión pública, han aportado su granito de arena al desmantelamiento de los servicios sociales y han subido la presión fiscal, a pesar de que se habían comprometido formalmente a bajarla por razones puramente ideológicas.

Para justificar ese colosal fraude político, no se han andado con complejos: allí donde antes gobernaban los socialistas, les han echado la culpa de todo a su gestión y, donde no, se han escudado en la que hizo para el conjunto de España José Luis Rodríguez Zapatero. Nunca, en ningún sitio, al menos que se sepa, nadie del PP –y mucho menos Mariano Rajoy– ha tenido la decencia de asumir ninguna responsabilidad, ni por sus mentiras ni por la situación en que se encontraron un país donde eran el primer partido de la oposición.

Después de haberlo dejado todo como un erial y a su electorado con dos palmos de narices, los barones del PP han decidido que tienen que reconciliarse cuanto antes con los votantes, no vayan a caer en la tentación de darles masivamente la espalda en la primavera de 2015. ¿Y cómo lo están intentando? Pues como es tradicional en los Reyes Magos: repartiendo a troche y moche caramelos, con el mismo desparpajo que si, en vez de con ciudadanos hechos y derechos, estuviesen tratando con un puñado de desavisados e inocentes chavales.

El caso más flagrante es el del presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, que acaba de anunciar a bombo y platillo, sin ruborizarse, una bajada de impuestos en su comunidad rayana con la tomadura de pelo. De ella se beneficiarán los contribuyentes con rentas inferiores a 17.000 euros anuales, lo que está muy bien, porque es gente que no nada precisamente en la abundancia. ¿Pero saben ustedes cuánto se van a ahorrar? Yo se lo voy a decir: al mes, no más de tres euros y medio.

Ésa es la bajada de impuestos de la que ya puede presumir Feijóo y que seguro que utilizará a discreción cuando alguien le pregunte dónde fueron a parar sus promesas electorales de 2011. Lo único esperanzador es que los ciudadanos de Galicia sí saben la verdad, como saben que su presidente también ha anunciado una subida del recargo sobre los carburantes, por lo que la recaudación fiscal en su conjunto se espera que el año que viene sea mayor.

Es decir que lo de la bajada de impuestos no es más que otra impostura, otra ficción, otra irritante desvergüenza.
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