Aquí no se fía

El Gobierno ha contentado a las eléctricas. ¿Quién contenta a los consumidores?

Al Gobierno de Mariano Rajoy le ha faltado tiempo para apaciguar a las cinco grandes eléctricas, que se habían cogido un cabreo de mil demonios por su decisión de retirar la aportación presupuestaria destinada a cubrir el déficit de tarifa de 2013. Esa aportación había sido comprometida por el ministro de Industria, José Manuel Soria, pero su colega de Hacienda, Cristóbal Montoro, la eliminó in extremis mediante una enmienda del Grupo Popular a la ley del Sector Eléctrico a su paso por el Senado.

Como consecuencia de ello, las compañías tenían que encajar en sus balances no menos de 3.600 millones de euros, resultantes de la diferencia entre los costes reconocidos del sistema y lo que ingresarán este año por el recibo de la luz. De ahí que Iberdrola, Endesa, Gas Natural Fenosa, Hidrocantábrico y E.ON pusieran el grito en el cielo cuando Soria les anticipó las intenciones de Montoro, que no era la primera vez que dejaba en evidencia al ministro de Industria delante de los máximos representantes del sector.

Tan alto debieron de llegar las quejas que no ha pasado ni una semana antes de que el propio titular de Hacienda llamara a los presidentes de las eléctricas para concederles una opción que disminuirá el quebranto sobre sus cuentas. Los 3.600 millones de euros podrán colocarse entre inversores mediante títulos que tendrán la garantía del Estado, algo parecido a lo que ocurre con los otros 26.000 millones acumulados desde que Rodrigo Rato se inventó el déficit de tarifa siendo vicepresidente.

Eso significa que, a 31 de diciembre próximo, los españoles tendremos una deuda del orden de 30.000 millones de euros por no haber pagado supuestamente, durante los últimos trece años, todo lo que en realidad cuesta la luz. Cosa que no deja de ser chocante en un país donde el recibo se ha encarecido nada menos que un 63% desde 2003, con lo que la facturación anual para una familia tipo ha saltado en este tiempo de 360 a 615 euros, situándose ya por encima de la media europea.

Las eléctricas tradicionales, tan cuidadosas de su oligopolio, suelen aducir que los gastos de generación apenas suponen un 50% del total, mientras que el resto es fruto de decisiones políticas, entre las que citan con especial énfasis los incentivos económicos a las renovables. Si eso fuera así, los consumidores deberíamos haber notado la controvertida supresión de las primas que venían disfrutando esas fuentes de energía limpia y que, según sus detractores, suponían casi una cuarta parte de los costes reconocidos del sistema.

¿Lo ha notado usted? Porque yo no.

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