Aquí no se fía

La sanidad madrileña no está fuera de peligro

La Justicia propinó ayer un nuevo varapalo a la privatización de la sanidad madrileña, ampliamente rechazada por profesionales y pacientes. El proceso continuará en suspenso hasta que se resuelva el recurso interpuesto contra él por la Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid (FAEM). Y eso impide que las empresas adjudicatarias se hagan cargo, de momento, de los seis hospitales cuya gestión les fue concedida el pasado mes de agosto.

Para desbloquear la situación, el gobierno regional había depositado todas sus esperanzas en la sala de lo contencioso-administrativo del Tribunal Superior de la Comunidad. El presidente de ese órgano era Gerardo Martínez Tristán, hombre de confianza del PP y esposo de una de las consejeras de María Dolores de Cospedal en Castilla-La Mancha. Pero en diciembre tuvo que dejar el cargo, tras incorporarse a la comisión permanente del Consejo del Poder Judicial.

Ya sin su presencia, el pleno de la sala ha rechazado pronunciarse sobre el caso, como Martínez Tristán intentó antes de irse para dejar expedito el camino de la privatización. Ahora será la sección tercera la que continúe el procedimiento y muy probablemente mantenga la suspensión cautelar que dictó en septiembre. Otras secciones de la misma sala, que también tienen pendientes recursos en defensa de la sanidad pública madrileña, podrán reanudar ahora sus trabajos.

El naufragio de esta maniobra es una esperanzadora noticia para los detractores de la privatización, aunque sería prematuro echar las campanas al vuelo. El poder político ha dado sobradas pruebas de su falta de escrúpulos para interferir en las decisiones judiciales cuando se juega mucho en ello. Y en el asunto que nos ocupa el gobierno regional parece haber optado por quemar todas sus naves, pese a tener una opinión pública mayoritariamente adversa.

Mientras conserve la más mínima posibilidad de salirse con la suya, Ignacio González moverá cielos y tierra para conseguirlo. Porque sabe perfectamente que dentro del propio PP hay quien está cargándose de razones con el objeto de desbaratar su candidatura a la reelección. Y el fracaso de la privatización sanitaria sería un nuevo clavo para la tapa de su ataúd político.
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