Aquí no se fía

El reconocimiento del fracaso de la reforma laboral

Aunque todavía está por ver bajo qué condiciones, a partir de ahora los nuevos contratos indefinidos podrán acogerse a una tarifa plana de cien euros en las cuotas de la Seguridad Social. Al anunciar esta medida durante el reciente debate sobre el estado de la nación, el presidente del Gobierno reveló que sólo será extensiva a las empresas que creen empleo neto y duradero. Pero hay que esperar a la letra pequeña para comprobar el alcance de una rebaja de las cotizaciones que la patronal venía reclamando desde hace tiempo.

La implantación de la tarifa plana entraña el reconocimiento de la incapacidad de España para generar empleo a buen ritmo con el actual marco laboral. Un marco muy influenciado por la catastrófica reforma de febrero de 2012, que facilitó descaradamente los despidos colectivos y desde cuya entrada en vigor se han destruido más de 800.000 puestos de trabajo. Que esa reforma sólo serviría para que las empresas aligeraran sus plantillas de forma rápida y barata era evidente, como desde el primer momento se demostró.

Hecha la limpia, que ha puesto al país en el dramático umbral de los seis millones de parados, Mariano Rajoy ha decidido reducir el coste de la contratación para animar a los empresarios. Pero su iniciativa no bastará para subsanar los destrozos causados en el mercado laboral durante los dos últimos años, quizás los más negros para los trabajadores hasta donde nos alcanza la memoria. Salarios bajos, empleo precario, derechos recortados… son el penoso balance de una de las reformas más dañinas de la democracia.

Cuando el Gobierno intentó justificarla aduciendo que su objetivo era facilitar la creación de puestos de trabajo, fueron muchas las voces que se levantaron para advertir de que no sería así. Y ahora el reconocimiento –al menos implícito– de que sus detractores estaban en lo cierto resulta gratificante, aunque eso no lleve ningún consuelo a quienes mientras tanto se han quedado en la calle. Miles y miles de personas que han caído bajo la apisonadora de la reforma y que hoy como mínimo viven peor, si no siguen confinadas en el paro.

Es mucho decir, de momento, que con la rebaja de las cotizaciones sociales vayan a salir de él, porque los empresarios sólo volverán a contratar significativamente cuando perciban síntomas reales de recuperación. Puede ser un empujón para los que alberguen dudas, pero nada más. La crisis, por desgracia, todavía tiene fuelle, pese al esfuerzo propagandístico realizado por Rajoy en el debate sobre el estado de la nación para vender una mejora de la economía que los ciudadanos no acaban de percibir por ninguna parte.
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