Aquí no se fía

El espejismo de la recuperación

Qué poco le ha durado a Mariano Rajoy el discurso de las "raíces vigorosas". Menos aún que a Elena Salgado el de los "brotes verdes". La realidad es tozuda y siempre se impone a los espejismos. Ni en mayo 2009 había síntomas de que empezaba a amainar la crisis, ni en septiembre de 2014 la recuperación tiene la consistencia de la que alardea el presidente. Después del anuncio de los falsos "brotes verdes", la economía española cayó en barrena con la ayuda inestimable de las políticas de ajuste. Cualquiera sabe ahora qué nos espera.

No hacía falta ser un avezado economista para darse cuenta de que lo de las "raíces vigorosas" era una milonga. Bastaba con mirar alrededor. ¿Acaso se había vuelto más fácil encontrar empleo, los trabajadores ganaban más o los bancos, por fin, prestaban dinero? La economía depende de las expectativas, es un estado de ánimo. Cuando Rajoy soltó su metáfora, ¿había anidado de nuevo el optimismo en las familias y en los empresarios? ¿Qué decían nuestros vecinos o el dueño de la tienda de la esquina? ¿Qué sentíamos nosotros mismos?

Los datos macroeconómicos apuntaban una cosa: que las exportaciones crecían a buen ritmo, que el consumo se animaba, que el turismo iba viento en popa. Pero los ciudadanos percibían otra: un mercado laboral inhóspito, sueldos cada vez más bajos, una carencia casi absoluta de financiación para emprender negocios o simplemente para salvarlos. Y en medio de ese magma, un Estado con menguante interés en proteger a sus ciudadanos más desvalidos y con una clamorosa desgana a la hora de perseguir algunos casos de corrupción.

Sin embargo, da la impresión de que las cosas se hayan torcido sólo de unos días a esta parte. Como si las tendencias de fondo de la economía pudiesen cambiar de repente. Y, claro está, al Gobierno le ha faltado tiempo para encontrar un culpable. El mismo, por cierto, que el PP no aceptó cuando la bomba de la crisis le explotó a Zapatero entre las manos: el contexto internacional. Si entonces se señaló con insistencia al estallido de la burbuja financiera, los responsables son ahora nuestros grandes socios europeos, que tiran menos de la recuperación.

Y es verdad que el panorama se ha ensombrecido en Francia, en Alemania, en Italia y en menor medida en Portugal. Entre otros motivos, por el absurdo cruce de sanciones con Rusia a raíz del conflicto en Ucrania, que ha sido un auténtico tiro en el pie para la Unión Europea. Ahora bien, el sector exterior representa sólo una parte del PIB español, y no la mayor. El grueso corresponde a la demanda interna; es decir, al consumo y la inversión, que no mejorarán lo suficiente mientras haya empleo de baja calidad, sueldos de miseria y esta falta de crédito tan desesperante.
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