Aquí no se fía

Díaz Ferrán, Arturo Fernández...: los presidentes que los empresarios se merecen

Durante cierto tiempo pensé que a las organizaciones empresariales no les acompañaba la suerte con sus presidentes. Pero cada día estoy más convencido de que en realidad tienen exactamente lo que se merecen. No porque algunos les hayan salido rana, sino por cómo remolonean cuando llega el momento de exigirles responsabilidades. Ocurrió con Gerardo Díaz Ferrán, al que tardaron meses en forzarlo a dejar la presidencia de CEOE tras la controvertida quiebra de Viajes Marsans. Y ahora pasa lo mismo con su cuñado Arturo Fernández, que va a seguir al frente de la patronal madrileña hasta que le dé la gana marcharse, pese a estar metido hasta las trancas en el feo asunto de las tarjetas opacas. A sus compañeros, por lo que se ve, les trae sin cuidado el daño que eso pueda causar a la reputación de CEIM. Igual que cuando le reeligieron en marzo, sin importarles que estuviese imputado por su condición de antiguo consejero de Bankia o que hubiera sido sancionado por la Seguridad Social al descubrirse que pagaba en dinero negro horas extras de sus empleados.

Es fácil encontrar coincidencias entre el caso de Arturo Fernández y el de Díaz Ferrán, que cumple condena en la cárcel por delito fiscal; pero la más irritante quizás sea la falta de redaños de los empresarios que se hinchan de rajar fuera y luego no abren la boca dentro de sus órganos de gobierno. Tenían que haber oído ustedes lo que iban diciendo por ahí de Díaz Ferrán antes de echarle, y cómo se arrugaban cuando el comité ejecutivo o la junta directiva de CEOE abordaban el caso. O las abiertas críticas que lanzaron contra Arturo Fernández al llegar el otro día a la sede de CEIM para escuchar sus explicaciones sobre el escándalo de las tarjetas, y cómo luego no tuvieron el menor empacho en gratificarle con un insultante aplauso. No sé si será por haber derrochado un dinero que a la postre vamos a tener que pagar todos, si por haber gastado buena parte en sus propios restaurantes o si por haber burlado a Hacienda, pero lo cierto es que poco faltó para que lo sacaran a hombros.

Hay quien ve ahora detrás de tan extraña condescendencia una maniobra del actual presidente de CEOE para garantizarse el apoyo de Madrid en las elecciones que ha de afrontar a finales de año. Arturo Fernández siempre ha estado de su parte, mientras que la persona llamada a sustituirle, siquiera sea provisionalmente, Juan Pablo Lázaro, no tiene entre los santos de su devoción a Juan Rosell. Espero que no sea así, porque significaría que quienes más empeño deberían poner en la defensa de la imagen de los empresarios están relegándola en beneficio de menudos intereses políticos. Aunque tampoco me extrañaría, habida cuenta de las muestras que desde hace años vienen dando las organizaciones patronales de su fascinación por los menos edificantes comportamientos internos de los partidos y de los sindicatos.

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