Aquí no se fía

¿Juan Rosell, el Breve?

Juan Rosell corre serio riesgo de convertirse en el primer presidente de la CEOE que no supera una reelección, aunque cabe dentro de lo posible que no la supere porque sencillamente no se presente. A menos de dos meses de la cita con las urnas, prevista para el 17 de diciembre, todavía no ha comunicado cuáles son sus intenciones, si bien es cierto que tiene hasta una semana antes para hacerlo.

Sabe Rosell que no concita ni de lejos las adhesiones que otros presidentes de la CEOE disfrutaron. Como Carlos Ferrer Salat, el fundador, que dejó el cargo cuando quiso. O José María Cuevas, que consiguió mantenerse en él la friolera de veintitrés años. Incluso el tristemente célebre Gerardo Díaz Ferrán consiguió el respaldo unánime para un segundo mandato, que sólo sus problemas judiciales le impidieron agotar.

Rosell, en cambio, tienen enfrente a poderosas organizaciones de CEOE que no están satisfechas con su gestión y que le reprochan que haya perdido algunas batallas importantes. Por ejemplo, la apertura a nuevos competidores de los cursos de formación subvencionados, la negativa del Gobierno a entregar el control de las altas laborales a las mutuas de trabajo y el impulso que han recibido durante esta legislatura las cámaras de comercio –rivales históricas de la patronal– tras el duro golpe que supuso para ellas la supresión de las cuotas obligatorias.

El descontento con Rosell tiene que ver también con la forma en que viene desempeñando el cargo. Sus detractores le acusan de no informar suficientemente a los órganos de gobierno de la CEOE o de hacerlo a toro pasado, cuando ya no hay posibilidad de rectificar las decisiones sin grave escándalo. Y de haber echado en saco roto muchas de las reformas que anunció.

No todas las aspiraciones insatisfechas de CEOE son de la exclusiva responsabilidad de Rosell y sus compañeros no pueden ignorar las fuertes resistencias interna que han encontrado algunos cambios propuestos durante los últimos cuatro años. Pero el hecho cierto es que se ha formado un sólido bloque de oposición que está dispuesto a complicarle las cosas.

Ese bloque cuenta ya con un candidato alternativo, Antonio Garamendi, número dos de Cepyme y tesorero de Confemetal, al que también apoyan sectoriales como la de la construcción y territoriales como Andalucía o el País Vasco. Según dicen sus valedores, la mitad de los dirigentes de la CEOE con derecho a voto ya se lo han ofrecido a Garamendi. Y, aunque habrá que ver si las promesas se cumplen el día de las elecciones, eso coloca el listón muy alto para Rosell.

Seguramente por ello, el actual presidente sigue sin desvelar sus cartas, a pesar de que había expresado su intención de hacerlo después de las vacaciones de verano.

En el caso de que opte a la renovación, sería la segunda vez que se celebran elecciones competitivas a la presidencia de la CEOE en sus treinta y siete años de historia. Ni Ferrer Salat, ni Cuevas, ni Díaz Ferrán tuvieron que vérselas nunca con adversarios. Rosell sí debió ganarse el puesto en 2010, aunque no le costó demasiado imponerse a Santiago Herrero, líder de la patronal andaluza, al que dobló en votos.

Ahora, sin embargo, no parece que lo vaya a tener tan fácil.

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