Aquí no se fía

Qué Gobierno quieren y qué oposición no quieren los grandes empresarios

Los peces gordos del mundo de los negocios llevan semanas con la cantinela de que España necesita "un Gobierno estable", aunque ninguno acaba de concretar exactamente a qué se refieren. ¿A un Gobierno con una amplia mayoría parlamentaria detrás? Si es así, las posibilidades son escasas en un Congreso dividido entre una derecha insuficiente y una izquierda fragmentada. Además, parece improbable que la eventual repetición de las elecciones arrojara un resultado distinto. Puede que el PP y Podemos arañaran algún escaño más en perjuicio de Ciudadanos y del PSOE, pero la división de fondo seguiría existiendo. Con la única diferencia de que el recambio de Mariano Rajoy quizás no fuera ya Pedro Sánchez, sino Pablo Iglesias.

Todo eso lo saben perfectamente los banqueros y los empresarios que predican el Gobierno estable. Y, en consecuencia, no hay que ser demasiado perspicaz para entender que lo que en realidad desean es un acuerdo de legislatura entre los dos grupos mayoritarios, al que se podría sumar Ciudadanos. Vamos, la gran coalición, cuya autoría intelectual se viene atribuyendo desde hace meses a los influyentes poderes económicos, que han conseguido arrimar a su sardina no sólo el ascua del PP, sino también el de algunos antiguos socialistas. Ver a estos dinosaurios mendigar una mísera cuota de pantalla por lo más rancio de la caverna mediática, mientras atizan sin compasión a los dirigentes federales del PSOE, es uno de los espectáculos más lamentables que nos está deparando este tiempo de confusión política. Por no hablar de sus impostadas soflamas a favor de la unidad de España.

Sólo uno de los peces gordos a los que antes me refería se ha mostrado abiertamente en contra de un entendimiento entre PP, PSOE y Ciudadanos: Javier Vega de Seoane, presidente del Círculo de Empresarios. Se puede estar de acuerdo con él o no, pero hay que reconocer que el análisis que ha hecho va más allá de sus propias narices. No le gusta la idea de esa coalición a tres bandas –ha venido a decir–, porque a su modo de ver sería pan para hoy, pero hambre para mañana. Habría un Gobierno estable, sí; ahora bien, la labor de oposición (y, por tanto, la alternativa) residiría en las exclusivas manos de Podemos. El PSOE –esto ya lo auguro yo– podría quedar reducido a la irrelevancia como fuerza moderada y moderadora de la izquierda. Y eso tampoco conviene a los empresarios.

Según están las cosas, va a ser muy difícil contentar a los del Gobierno estable y a quienes, como Vega de Seoane, piensan a medio y largo plazo. Pero la situación se encuentra lo suficientemente abierta como para que todavía pueda pasar de todo. Que Rajoy sea investido presidente otra vez parece lo menos probable, aunque no es imposible. A Pedro Sánchez le va a costar Dios y ayuda gobernar, porque tiene al enemigo dentro. Y la repetición de las elecciones siempre es una posibilidad, bien que esencialmente inútil. Pero lo que resultaría realmente triste es que, al final, los poderosos consiguieran tener un Gobierno que les guste y una oposición que no les asuste.

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