Opinion · Aquí no se fía

El pufo que deja Rajoy

La herencia de Zapatero, de la que el PP todavía no ha dejado de quejarse, es un juego de niños comparada con la que va a dejar Rajoy. No me refiero ya al mercado de trabajo, que está hecho unos zorros por culpa de la política laboral más dañina de la democracia. Ni a las desigualdades sociales, que han puesto a España en línea con un país del tercer mundo. Ni siquiera a la deuda del Estado, que tiene el volumen más alto de toda la historia. Me refiero esta vez sólo al déficit público.

Cuando llegó a la Moncloa en diciembre de 2011, Rajoy parecía no tener otro objetivo que meter en cintura las cuentas de la Administración. ¿Se acuerdan de aquello de que “no se debe gastar lo que no se tiene”? Ésa era su frase preferida, aunque el tiempo ha demostrado que lo era sólo de boquilla. Porque, desde entonces, el presidente no ha cumplido ningún año sus compromisos con Bruselas, a pesar de habernos infligido a los ciudadanos todo tipo de quebrantos en nombre de la austeridad.

El denostado Zapatero dejó el déficit por encima del 9% del PIB y, con este pretexto, Rajoy se ha dedicado durante cuatro años a dar hachazos sin cuento al presupuesto. Los recortes han dejado en precario la educación y la sanidad y han impedido desarrollar la ley de la dependencia, por poner algunos ejemplos. Justo cuando el flagelo de la crisis hacía más necesario que el Estado estuviera en condiciones ayudar a quienes lo necesitaban, el Gobierno del PP los ha dejado en la cuneta, mientras acudía solícito a rescatar a la banca.

A pesar de ello, Rajoy ha acabado su mandato con el déficit público en un nivel claramente mayor al anunciado: casi el 5,2% en vez del 4,2%, según reconoció Montoro ayer. Eso significa, en números redondos, unos 10.000 millones de más, que será necesario sumar al ajuste de 2016, salvo que Bruselas tenga a bien relajar nuestro objetivo. Además, los Presupuestos de este año tienen más trampas que una película de chinos, como hace meses denunció la Comisión Europea; por lo que mucho me temo que el futuro Gobierno, sea cual sea, no tiene ninguna posibilidad de cumplir el 2,8% previsto.

Piensen ustedes que, entre lo que se pasó Rajoy con el déficit en 2015 y lo que de todas formas habría que reducirlo en 2016, estamos hablando de un mínimo de 24.000 millones de euros. Es decir, de recortar en un solo año más de la mitad de lo que se ha recortado en cuatro. Y eso en un contexto económico internacional preñado de incertidumbres y con la supuesta recuperación española perdiendo fuelle. Un panorama aterrador el que nos dejan estos magos de las finanzas, que tanto alardean de que, cuando dejan el poder los socialistas, ellos tienen que volver para salvar España.

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